DESDE MI RINCON

Crecer duele

La posibilidad de que la muerte de Robin Williams se haya tratado de un suicidio motivado por depresión severa, viene a comprobar una vez más qué, ni el éxito, ni la fama, ni la inteligencia, son vacunas suficientes para protegernos de ese terrible “germen psicológico” que es la depresión.Parece que dicho germen habita en nuestra mente y es oportunista. Aguarda la ocasión propicia para atacar y aprovecha los momentos de estrés generados por algunas situaciones inevitables de la vida, tales como la pérdida de un ser querido o de un trabajo, la ruptura de una relación interpersonal o las circunstancias que exijan un rendimiento superior a nuestra capacidad, sin dejar de mencionar como otra fuente importante de estrés, el torrente de información violenta que a diario recibimos y que de algún modo debemos procesar.La visión hedonista de que la felicidad debe ser un estado de ánimo  permanente, ha distorsionado nuestra percepción de la vida, generando expectativas que tarde o temprano naufragan al tener que enfrentar una realidad para la que no estábamos preparados. Es entonces cuando aparece la tristeza, como una reacción normal a la adversidad que vivimos, una tristeza dolorosa pero transitoria, mientras aceptamos nuestra nueva realidad, esto es, mientras crecemos. El problema empieza cuando “nos estacionamos” en esa tristeza, nos negamos a crecer y buscamos evadir la realidad por otros medios como el alcohol o las drogas, substancias éstas cuyo consumo debilita nuestra autoestima y al hacerlo, consecuentemente le abren la puerta al germen de la depresión.La felicidad absoluta no existe, pero si existen momentos felices y plenos como también existen otros difíciles y dolorosos. Nuestra única opción es disfrutar unos y enfrentar otros, con la plena conciencia de que así es la vida que a cada cual nos ha  tocado vivir. El germen de la depresión esta ahí, oculto, agazapado, se alimenta de nuestras frustraciones, flaquezas y emociones negativas, ¡no le demos de comer!Vivir es crecer y nunca dejamos de hacerlo, crecer física, mental y espiritualmente. Dejar de crecer, es dejar de vivir. Aunque ciertamente… crecer duele.