DESDE MI RINCON

Creatividad en burro

Con el semáforo en rojo al final de la vía, algo sobre el carril derecho que desde mi auto no alcanzo a ver, hace que el tráfico se haga lento, al tener que desahogarse en una sola línea una gran cantidad de vehículos.Acostumbrado ya a los pequeños “embotellamientos” que se dan en las horas pico, con premeditada paciencia sintonizo el radio en busca de alguna estación que aligere la demora.“Ser creativo consiste en ver las cosas de manera diferente” dice una voz, agregando luego las ventajas que en la vida genera la creatividad: crecimiento personal y profesional, salud mental,  romper paradigmas, etc. y afirma además que, cada día es mayor la valoración empresarial por la creatividad como rasgo laboral de los empleados.La voz continua mientras a mi mente acude la imagen flotante de unas alas que sostienen la frase: “Proyecto Ícaro”, logotipo con el que una institución andaluza ofrece en Internet un taller que trata sobre el asunto.La multicolor serpiente automotriz avanza y ahora distingo como causa del contratiempo vial, la parte trasera de uno de esos llamados  “carritos de burros”. Adelanto unos metros y sonrío al pensar en la posible confusión de los organizadores del taller, pues no fue el mitológico Ícaro quien poseía el don de la creatividad, sino Dédalo su padre, quien para escapar de Creta, le fabricó unas alas advirtiéndole  que no volara demasiado alto, porque la cera con que estaban pegadas se derretiría con el calor del sol. Le ganó la soberbia de volar, e Ícaro  cayó en el Mar Egeo, cerca de la isla griega llamada Icaria.No menoscaba esto el valor que tiene el taller español, ciertamente el mundo esta urgido de creatividad e innovación, solo es deseable que la práctica de dichos atributos redunde en el bienestar de la población en general y no nada más en el bolsillo de unos pocos.Atento a la distancia con el auto delantero, fugazmente alcanzo a ver como todavía conserva sus botones de control, el moderno asiento automotriz  hábilmente   instalado en el carrito de burros. Por el espejo percibo confortablemente sentado en él,  al conductor que grita: ¡buurrro!, al tiempo que azota los cuadriles de un jumento.