DESDE MI RINCON

Chatarra para el espíritu

Una crisis, puede definirse como un conjunto de cambios que modifican y hacen  inestable una situación. Bajo esta idea, es que oímos hablar de crisis económica, ambiental, sanitaria, política, o social; siendo con frecuencia el propio comportamiento humano,  el que da origen a muchas de esas crisis.

La sociedad humana es y funciona como un sistema, es decir; todas sus partes están relacionadas entre sí y tarde o temprano, la crisis que inicia en cualquiera de esas partes termina afectando a todo el sistema, esto es, a toda la comunidad. Es algo similar al proceso metastásico que disemina el cáncer en un cuerpo, aunque a diferencia de éste, en la sociedad es mucho más complicado identificar en donde empezó el mal, sobre todo porque en muchos casos, quien se pretende calificado para erradicar la enfermedad, es precisamente quien la propaga y disemina. (Léase políticos, gobernantes o líderes de opinión).

Así las cosas, por todas partes vemos a  personas y personajes devanándose los sesos por entender en que parte del camino se nos perdió la brújula de lo que está bien y lo que está mal, complicándosenos  la vida cuando dejamos de creer en la honestidad, el trabajo, la perseverancia, la familia y demás valores tradicionales. Ni la tecnología con sus comodidades, ni los cursos y seminarios de desarrollo personal, ni el lucrativo misticismo importado de oriente con sus múltiples gurús,  ni el materialismo pragmático en el que estamos inmersos, ofrecen las respuestas que nos permitan frenar la espiral de degradación humana en la que estamos metidos.

Hay que fomentar y promover  los valores humanos dicen algunos como si se tratara de vender productos enlatados, ignorando que en una colectividad  los valores humanos no se transmiten por discurso ni por  publicidad, sino por la admiración del ejemplo que ofrecen los líderes sociales. Es aquí donde se cumple la teoría de la “derivación del estilo gerencial”, que sostiene que la personalidad del líder deriva a todas las capas.

El dilema entre actuar bien o mal, depende de la calidad de los alimentos con que nutrimos el espíritu y lamentablemente, cada día ingerimos más comida chatarra.


lamontfort@yahoo.com.mx