DESDE MI RINCON

Cachiripa en Coahuila

Cada región según sus condiciones geográficas, genera distintos tipos de calamidades climáticas o fenómenos meteorológicos catastróficos.

Así; tormentas,  terremotos, tornados, huracanes, tifones y ciclones entre otros, han azotado a los seres humanos desde tiempos remotos, y solo a través del pensamiento mágico o la superstición, podían los pueblos primitivos comprender y asumir los fenómenos naturales a los que tenían que enfrentarse y padecer sus efectos.

Según algunas crónicas jesuitas, los tobosos e irritilas, antiguos habitantes de estas tierras laguneras, creían en la existencia de una maligna deidad a la que llamaban Cachiripa, de quien decían era un feroz hombre negro, que  se transportaba en el interior de un remolino de tierra echando fuego y sangre por ojos, boca y oídos, destruyendo lo que encontraba a su paso.

Hoy los científicos,  nos dicen que un tornado se origina cuando aire polar se junta con aire tropical calido y húmedo en una fuerte tormenta eléctrica, generándose una forma de viento que se arremolina, formando un embudo que gira cada vez mas rápido succionando aire hacia dentro de si mismo.

La explicación es clara y entendible, sin embargo a pesar del estudio y la comprensión en términos físicos y de todo el desarrollo tecnológico alcanzado, seguimos sin poder controlar la “furia”  de la naturaleza cuando esta se desata.

Dar a la naturaleza la condición de “furiosa” puede parecer una pifia gramatical, pero no es excesivo definirlo así, pues en el estrés extremo que implica vivir una experiencia de este tipo, el fenómeno llega a percibirse como una fuerza sobrenatural que trata de destruirnos, haciéndonos patente nuestra fragilidad e impotencia ante un poder destructivo que escapa a nuestra comprensión y entendimiento,  impactando el equilibrio emocional de quien lo ha sufrido y siendo frecuente la necesidad de apoyo psicológico profesional, para superar el llamado “Estrés post traumático”, generado por un miedo pánico que emerge de las profundidades mas oscuras de nuestra memoria prehistórica y que anida en nuestro cerebro reptiliano.

Un terror ancestral al que llamaban: Cachiripa  


lamontfort@hotmail.com