DESDE MI RINCON

¡Bueno como el pan!

Ocurre a veces, que algunos dichos populares encierran contenidos que al pensarlos, nos ayudan a conocer esos pequeños secretos de la vida que nos hacen entender el porqué somos como somos, refranes  a los que justificadamente algunos llaman sabiduría popular.
Siempre creí que la frase “bueno como el pan”, se refería a su buen sabor o en todo caso a su valor alimenticio. Pan, fue una de las primeras palabras que aprendí de niño al pedir el “pan nuestro de cada día” (todavía se usaba decir “dánoslo hoy”), en esa profunda oración: el “Padre Nuestro”, que es según los enterados la única que nos llega en forma directa de Jesus de  Nazaret.
La baguette (como un bolillo alargado) es en Francia como la tortilla en México y es frecuente sobre todo al final del día, ver a numerosas personas que después del trabajo, regresan a casa en bus, metro, moto o auto, con el pan en la mano. Lo peculiar del asunto, es que éste suele ir en una bolsa semiabierta y ellos no tienen muchos reparos en que tenga contacto con el entorno.
Este manejo aparentemente antihigiénico que no tienen con otros alimentos, dio lugar según me explicaron, a un estudio social que reveló que existe una certeza inconsciente  de que el pan no se contamina o ensucia fácilmente.
Escuchar esto, de inmediato me hizo recordar la connotación sagrada y sexual que en su origen tiene el pan, como un producto de la tierra que, es  fertilizada por una semilla que germina y crece como una espiga de trigo con forma fálica, por lo que los antiguos romanos le daban a algunos panes esa misma forma, por cierto elaborados en los “fornos”, de donde llamaban “fornix” a unos pequeños cuartos que para encuentros sexuales, existían detrás de las panaderías. No es raro pues, que todavía hoy muchos tipos de pan conserven dicha forma fálica.
Esta versión, es mas fácil de aceptar si se entiende que el sexo tenía para las civilizaciones antiguas, una connotación mas natural y diferente de la que luego le dio la cultura judeo-cristiana.
Como quiera que sea, me gustó la idea de creer que el pan no puede contaminarse o ensuciarse,  y que igual, hay todavía personas, ¡buenas como el pan!


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