DESDE MI RINCON

¡Ay, ay, ay ay! canta y no llores

Son las 2:45 de la tarde, el sol empieza a ganar el partido contra las aborregadas nubes que nos lo han escondido durante días. Algo distinto hay en el ambiente, el tráfico se apresura, hay que llegar a tiempo. Es lunes pero huele a domingo. ¡Mete mas cervezas! dice el cantinero a su ayudante. En la oficina, la tienda o la fábrica, el jefe autoriza el descanso extendido o se hace el disimulado. En la patrulla, la refri enfría la cabina mientras el motor ronronea y el patrullero sintoniza la tv portátil. En las pantallas las imágenes son las mismas, solo varían las pulgadas y los ojos que las miran: el policía, el malandro, el devoto, el ateo, la prostituta, la casta, el pobre, el rico, el ignorante, el ejecutivo y el jornalero, todos fijan su mirada, y quizás sin saberlo, también sus necesidades identitarias  en lo que suceda en los próximos minutos allá, a ocho mil kilómetros, en donde las imágenes son cuerpos.También a ocho mil kilómetros de Recife, en Croacia hay otras pantallas y ojos que miran. ¿Croacia?, ¿qué es eso?, el nombre suena a canto de rana y en croata suena aun más extraño, mas extranjero, y lo extranjero nos despoja y esclaviza. Hrvastka, siete consonantes y solo dos vocales, que diferente del español, y por si esto fuera poco, criticaron a Memo Ochoa, nuestro flamante ídolo deportivo. ¿Dubrovnik? (La joya del Adriático) histórica población croata destruida hace solo 23 años en una salvaje y brutal guerra contra Serbia, ¿dónde queda?, ¿a quien le importa?Minuto 72, Marquez anota y México se estremece, los ay, ay, ay ay de Quirino Mendoza suben de volumen. Minuto 75, Guardado patea y el balón entra, penetra, se mete, como en muchos otros deportes, meterla es lo importante. Minuto 82, la gloria, el paroxismo, ya no es ¡si se puede!, sino ¡ya se pudo!, el  tres a cero nos reivindica con nosotros y con todos, el Chicharito anota de cabeza y el piojo y México perdemos la cabeza, ya nos sentimos en la final.Quirino se murió del coraje cuando en broma le dijeron que había plagiado Cielito Lindo, quizás olvidó lo que, entre tantas dificultades solemos recordar muchos mexicanos: cantar para no llorar. 


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