DESDE MI RINCON

Aquietando a la loca de la casa

Aunque fui bautizado en la confesión católica, reconozco que no asisto a su rito litúrgico con la frecuencia que los cánones de esa religión demandan.

Por eso fue para mi una grata sorpresa descubrir recientemente al asistir a una misa dominical, la práctica entre la feligresía, de un ejercicio de los que llaman de “meditación guiada”, conducida por el sacerdote oficiante.Desde que las filosofías orientales se popularizaron masivamente en occidente, el uso del término “meditación” ha dado lugar a una inexacta interpretación del sentido de esta actividad, pues generalmente se entiende como el acto de reflexionar sobre un tema o asunto, cuando en realidad su propósito es el de silenciar la mente, mediante la respiración, la postura y la concentración focalizada en un elemento concreto, que puede ser tan simple como la exhalación o bien la repetición de una frase o palabra (mantra), tal como sucede con el rezo del rosario.

Aunque elemental, mi conocimiento de la meditación Zen practicada vivamente  años atrás, me permitió identificar y aún disfrutar el ejercicio, pues hasta donde sé, todas las escuelas de meditación tienen como último objetivo crear un estado mental de profunda tranquilidad, lo que algunos estudios han relacionado con las ondas cerebrales alfa, generadoras de un estado de relajación que al combinarse con la hiperventilación que inhibe las funciones del lóbulo temporal, dan como resultado eso que todos buscamos y que llamamos paz interior.

Sea que el proceso de meditación involucre la intervención de fuerzas o energías de naturaleza celestial, o bien se reduzca a meras reacciones neurológicas, el resultado es lo importante, pues en el vertiginoso mundo en el que vivimos, aquietar la mente (la loca de la casa decía Teresa de Avila), es algo que todos deberíamos intentar de vez en cuando.Amarnos es hoy imprescindible para vivir en un mundo digno, pero si queremos cambiar al mundo, primero deberemos cambiar cada uno de nosotros,  para eso conviene entender  aquella frase de la misma pensadora mística: “Si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor”. 


lamontfort@yahoo.com