DESDE MI RINCON

Amor de barandal

Son las seis y minutos de la mañana, un suave y disimulado aroma estival se entremezcla apenas con el sorprendentemente fresco  viento de mayo que entra por la ventana. Mientras  me dispongo a iniciar la muy afable rutina de ejercicio, que a estas alturas del partido me permite conservar la flexibilidad suficiente para “ir tirando”, pienso que todavía estamos en invierno, y que se han trastocado las estaciones haciendo realidad las aciagas predicciones del llamado “cambio climático”.
A lo lejos, como sobre un Gólgota lagunero, se dibuja la monumental figura del Cristo, que rodeado de antenas como cíclopes de ojos encendidos, extiende sus brazos a la Comarca, que  poco a poco se despereza con los primeros rayos de luz que tímidos, apenas empiezan a colorear el pardo paisaje citadino.
De improviso, en la quietud mañanera descubro que no estoy solo, en el barandal que esta frente a mi ventana, hay una pareja que apretadamente se hacen caricias uno al otro. La intimidad ajena del momento, despierta al voyeur que llevo en mí  atrapándome irremediablemente, por lo que cuido mis movimientos para evitar que mi presencia se delate. La distancia es mínima, escasos tres metros me permiten percibir el estremecimiento que repentinamente recorre el cuerpo de ella. Incluso puedo apreciar el oscuro brillo de sus pupilas, que aparecen como dilatadas por el placentero momento que seguramente ella ya conoce y que sabe que se avecina.
Él, encendido y gallardo, con su actitud parece querer decirle lo mucho que le atrae y lo excita, apretándose tanto a ella, que lucen en un mismo espacio como un solo cuerpo. De pronto, ella se recoge en si misma como entregándosele,  e  inexplicablemente él se aleja, pero se allega de nuevo, poniéndose sobre ella durante unos instantes para tomar luego su anterior posición. Sus ojos se encuentran y sus cabezas se aproximan y rozan una y otra vez, ahora le toca a él estremecerse perceptiblemente con todo su cuerpo.
El encuentro ha terminado, él emprende el vuelo hacía un poste cercano y en breve ella lo sigue. El cambio climático puede ser cierto o no, pero las tórtolas saben que hoy es primavera.