Mundo Industrial

Hay que revolucionar las formas; ¿qué esperamos?

La semana pasada, el periodista Jorge A. Meléndez Ruiz hace un análisis muy interesante con respecto al desempeño de México en comparación con otras economías emergentes.Con datos duros, evidencia el pobre desempeño que hemos tenido en los últimos 20 años y que dan cuenta de una gran pérdida de competitividad.Pensamos que su análisis es muy atinado por el momento que estamos viviendo en el entorno global y en medio de reformas constitucionales necesarísimas para revertir esta tendencia; y pareciera que no se tiene una cabal conciencia sobre estas estadísticas.

Menciona el periodista lo siguiente:De 1990 a 2010 los países emergentes pasaron del 20% del PIB global al 38% y se pronostica que en los siguientes 10 años, van a superar a los países desarrollados. Estos países emergentes (México incluido) en el 2010 sumaron el 85 por ciento de la población, 80% de los celulares y consumieron 75% del acero y 60% del petróleo.

En 1990 acumulaban el 40 por ciento de las reservas internacionales globales, para el 2010 alcanzaron el 80%.Pero si comparamos quién fue el gran protagonista en esta cifras, en 1990 México representaba el 2.6 por ciento del PIB global mientras que China representaba el 3.9%.

En 2010, el porcentaje de México disminuyó al 2.1%; China, en cambio, lo incrementó al 13.6%, casi 10 puntos de crecimiento.Continúa el análisis con datos del Banco Mundial que colocan a México entre 189 países en el lugar 150 para registrar propiedades, en el 139 en costos de despidos y en el 118 en facilidad para pagar impuestos.Sin duda, todos estos elementos importantísimos a la hora de evaluar el nivel de competitividad, que llevan a cabo empresas queriendo venir a México.

Si a lo anterior aunamos el altísimo porcentaje del empleo informal, más corrupción, inseguridad, altos costos de energía, desabasto de derivados del petróleo, falta de transparencia, etcétera, el panorama luce aún más complicado.

Evitar mencionar esta abrumadora realidad, no va a solucionar estos problemas; al contrario, los agravará.Necesitamos ponernos a trabajar en forma y muy velozmente para revertir estas tendencias; la ventaja que hemos ofrecido por años a nuestros competidores cometiendo todos estos errores, la estamos pagando a precios inverosímiles al condenar a generaciones  de jóvenes a una vida de menores oportunidades, crecimiento y estabilidad.

La reforma energética ofrece una muy buena posibilidad de cambio, siempre y cuando sea una reforma profunda y que se instrumente de manera ágil; sin embargo continuamos con debates estériles y política sin visión de largo plazo.Si queremos salir del ostracismo hay que revolucionar las formas; ¿qué esperamos?