Mundo Industrial

Entre el optimismo y el cinismo

Existe una línea muy delgada entre el optimismo y el cinismo cuando queremos enfrentar situaciones adversas, es común aderezarlas con una buena dosis de optimismo, decidimos ver un problema no tan grave, una situación difícil, pero no imposible, una solución complicada pero factible, etc.

En donde brincamos esa pequeña barrera entre optimismo y cinismo, es cuando empezamos a decir cosas absurdas y a pretender ocultar  realidades.

Existen elementos fundamentales en el buen desempeño económico de un país, y estos son irrenunciables: buscar un crecimiento constante, tanto del PIB como de la calidad de vida de sus habitantes, mantener una inflación controlada, tener superávit entre importaciones y exportaciones, producir más de lo que se consume, generar más y mejores empleos, ser competitivos tanto en los medios de producción como en el régimen fiscal de dicho país, tener un gasto público que privilegie la inversión y no el gasto corriente, hacer eficiente la burocracia, etc.

Presentar con optimismo el que la devaluación es buena para el país, cuando nuestras importaciones, (sobre todo en áreas altamente productivas) es romper esa delgada línea, ya que el impacto del costo adicional de materias primas para transformarlas y agregarles valor para después exportar productos terminados, le resta muchísima competitividad al sector manufacturero, amén de que al mercado interno se la va eventualmente a repercutir vía incremento de precios ese diferencial.

Anunciar ajustes a la baja en el crecimiento esperado para 2015 y decir que a pesar de ello, el empleo esta creciendo, es verdaderamente querer tapar el sol con un dedo.

El fenómeno de caída en el tipo de cambio, es evidente que no es provocado por un mal desempeño de la economía del país, son factores externos de una economía mundial en crisis, para que entonces pretender dar explicaciones de algo que es obvio.

Es mejor enfocarnos en los problemas de fondo, en lo que si tenemos control interno, como pueden ser; eficientar el gasto público, replantear un esquema fiscal que verdaderamente promueva las inversiones internas y sea más flexible y menos recaudatoria, que amplíe la base de contribuyentes y haga más sencilla su operación.

No hay varitas mágicas que arreglen un entorno económico turbulento, hay métodos, disciplina y herramientas probadas para ello, todo lo demás es demagogia en su más pura expresión.