Mundo Industrial

¿Si no nos ocurre, no nos afecta?

Los datos respecto de los hechos ocurridos en Iguala, no son nada menos que aterradores, y hay muchas razones para ello. Reflejan la postura de la indolencia, desinterés y falta de solidaridad que tenemos los ciudadanos a partir de que no se toquen directamente nuestros intereses.

Lo ocurrido, ha hecho que el Presidente de la República condene públicamente el hecho y el Secretario de Hacienda advierta que las inversiones extranjeras pueden verse afectadas por los hechos y su difusión mediática.

Lo difícil de entender es por qué la sociedad en su conjunto no hemos salido a manifestar nuestro total rechazo a una barbarie como la que se vivió; tampoco lo hicimos cuando la masacre en San Fernando quedó al descubierto.

Eso sí, tenemos espacio para admirarnos de la manifestación organizada por los estudiantes del Politécnico Nacional para defender sus “derechos”.

Aquí vale la pena preguntarse, ¿quién se ha interesado de fondo por los padres y familiares de los normalistas  desaparecidos?

Tenemos que entender a cabalidad que este suceso si lo encadenamos a todos los anteriores, tiene un presente común: impunidad.

La telaraña de complicidad entre autoridades y fuerzas criminales que lo que buscan es demostrar a base de fuerza bruta intimidar a la sociedad para seguir obteniendo ganancias ilícitas y toleradas, es el combustible que enciende esta hoguera de maldad.

Es inverosímil, que en el extranjero se hayan presentado mucho más manifestaciones de rechazo a estos hechos que a nivel nacional; todo ello derivado de que es un problema ajeno a nuestra realidad cotidiana, mientras no nos llegue a afectar directamente, es problema de alguien más.

La solución de fondo a este tipo de problema, radica en una participación decidida de toda la sociedad y en una actitud que hace unas semanas mencionamos, el generar conciencia respecto del bienestar de nuestros semejantes, si algo como esto sucede en cualquier parte del territorio nacional, deberíamos reaccionar como si nos estuviera sucediendo a nosotros, de esa manera podríamos general una cultura de rechazo total a la impunidad y la violencia.

Muy a pesar de todos, esta es una muy difícil realidad que nos tocó vivir, y ello conlleva una responsabilidad hacia nuestros semejantes que se convierten en victimas de un sistema de justicia defectuoso y lleno de lagunas y corrupción.

Así como nos empeñamos en hacer reformas económicas, tendremos necesariamente que reformar las instituciones de Justicia y su aplicación.

Por lo pronto no demos la espalda al dolor y angustia que viven las familias de los desaparecidos, solo porque son desconocidos para nosotros y están muy lejos de nuestras localidades.