Mundo Industrial

Un día de furia en el aeropuerto

Una vez más los usuarios del Aeropuerto de la Cd. de México fuimos víctimas de la total negligencia, desatención y caos por parte de quienes operan esa instalación.

El pasado martes 13 (a lo mejor fue por eso), tomando el primer vuelo Tampico-México con retraso de más de una hora, por congestionamiento de las pistas en México –según se nos informó- después de aterrizar el piloto nos dijo que llegaríamos a una posición remota y de ahí seriamos trasladados al edificio terminal en un camión, para recuperar el equipaje o ir a las salas de abordar para los que tuvieran vuelo en conexión.

Una vez que se detuvo el avión en la mencionada posición remota, transcurrieron 45 minutos para que llegara el camión para llevarnos al edificio terminal.

Tomando en cuenta que el tiempo de vuelo fue de 35 minutos, como que suena incongruente tener que esperar 45 minutos para salir de la aeronave porque alguien no programó que el camión para una posición remota que está indicada desde antes de que el avión despegue del aeropuerto de origen.

Por si el retraso en el vuelo, la molestia de esperar arriba del avión, la angustia para aquellos que tenían vuelo en conexión no fueran suficientes, una vez que el camión nos deja en un costado del edificio terminal en la planta baja, para acceder a la sala de bandas de equipaje, un encargado de mantenimiento nos indica que no podemos ingresar por ahí, que hay que hacerlo por las escaleras en el acceso a las sala B, que es para pasajeros en conexión.

Otra vez gritos de molestia y hartazgo: todos los pasajeros nos subimos las escaleras para encontrarnos que había que pasar el filtro de seguridad por procedimiento.

Si esto les suena a pesadilla, todavía hay más: el muy diligente encargado del filtro de seguridad no permite el paso a pasajeros que no tuvieran pase de abordar para vuelos en conexión, por lo que los viajantes que nuestro destino fuera la Ciudad de México no podíamos acceder a sala B para bajar a la salida de la terminal o a recoger equipajes.

Con gritos, sombrerazos y bastante dosis de lenguaje florido, obligan a que se acerque un representante de la línea aérea y nos dice que ese acceso era solo para pasajeros en tránsito, que los pasajeros con destino a esta ciudad tienen que acceder por la planta baja precisamente por donde nos habían indicado que no lo hiciéramos.

Al intentar razonar con el vigilante, nos contestó: “Yo no sé, a mí nomás me dijeron que por aquí no”. Con la algarabía una persona de dentro de la terminal, abre la ÚNICA puerta de acceso y resulta que estaban reparando el piso, y por ello se impedía el acceso.

El final feliz fue todo el grupo de pasajeros empujándonos para pasar por ahí en medio del piso en reparación.

¿Y los operadores del aeropuerto? Bien, gracias…