Mundo Industrial

Veda electoral, un exceso

Uno de los principales ingredientes para alcanzar objetivos en cualquier tarea que decidamos emprender, es el estar enfocados en las acciones que requiere dicha tarea.

Cuando nos distraemos por cualquier causa de nuestras líneas de acción, se pierde tiempo precioso en la obtención oportuna de los resultados planeados y esperados.

Tristemente vemos cómo los procesos electorales se vuelven un gran distractor que hace que se pierda el enfoque respecto de líneas estratégicas absolutamente necesarias para la buena marcha del país.

Basta solo tratar de entender cómo es que las acciones cotidianas de gobierno se tienen que ver interrumpidas por algo que ya hasta con cinismo se conoce como la “veda electoral”; es absurdo que alcaldes, gobernadores y hasta el Presidente de la República tienen que estar cautelosamente evitando presentaciones, declaraciones, inauguraciones, etcétera, so pena de ser no solo cuestionados, incluso sancionados, por una ley electoral que no abona en nada al buen y eficiente desempeño de las acciones de gobierno.

¿En qué momento hemos la ciudadanía permitido llegar a esos excesos de regulación? Ahora que se presenta la renovación de la Cámara de Diputados, se antoja una buena oportunidad para cambiar esta complejidad absurda, creada por los intereses de tantos (excesivos) partidos políticos, que cuestan demasiado y no producen absolutamente nada.

Es vergonzoso ser espectadores de enfrentamientos entre integrantes de esos partidos que, por luchas internas de poder, mal utilizan los recursos públicos que salen del bolsillo de toda la ciudadanía y, en lugar de trabajar por buscar sacar adelante a México de tantos y tantos problemas que nos aquejan, utilizan los espacios que los ciudadanos les otorgamos con los votos para que nos representen, para debatir sobre sus propios intereses, no los reales de los ciudadanos.

No es gratuito el rechazo que tiene el ciudadano al ejercicio del poder por parte de los políticos, se han ganado a pulso ese desprecio por su actitud mezquina y de muy corta visión.

Salvo contadas excepciones, no vemos servidores públicos con visión de Nación, de vocación de servicio, de verdadera pasión por la carrera política.

“Cada nación tiene el gobierno que se merece” Joseph de Maistre.