Mundo Industrial

Urgente, mayor participación ciudadana

Las múltiples expresiones de molestia, hartazgo, desesperación y reclamo ciudadano están creciendo a proporciones muy preocupantes; las consignas y actos violentos aparecen como pequeños fuegos no solo en México, sino en todo el mundo y los medios de comunicación se encargan de hacerlos altamente notorios.

Ya el mandatario de Uruguay califica a México como estado fallido; estos son temas mayores cuando estamos pretendiendo con base en las reformas, establecer bases sólidas que lleven a este país  por la ruta de un crecimiento mayor y sostenido.

Es deleznable constatar que los partidos políticos, perdidos en sus luchas internas y amarguras políticas, aticen el fuego y pretendan radicalizar estas expresiones.

Escuchamos solo reclamos y descalificaciones entre ellos, y ninguna propuesta común de soluciones, solo encontrar culpables -que por supuesto son todos los demás- y no resultados de fondo.

Nos enfocamos en temas específicos, como el enorme problema de Ayotzinapa, y aquí tenemos forzosamente que hacer una reflexión: Entendiendo la dimensión del enorme dolor de los familiares de los 43 desaparecidos, ¿dónde queda el dolor y la agonía de los familiares de los más de 22 mil desaparecidos registrados en todo el país? Para todos aquellos que no son de un sector especifico, ¿será menor el dolor?

Ante las evidencias de una gran falta de responsabilidad, de manipulación mediática,  de grandes omisiones por parte de las autoridades, los ciudadanos tenemos la responsabilidad de proponer y exigir soluciones diferentes.

Pregonamos estar transitando por un camino hacia una mayor democracia, pues bien, un elemento primordial en ella, es el empoderamiento ciudadano, y este solo se da si los ciudadanos deciden activamente participar y no ser meros pasajeros en un tren irremediablemente condenado a descarrilar.

No es con consignas de renuncia del Presidente, o con actos violentísimos, solapados por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, o con exigencias intransigentes de estudiantes que si de verdad lo fueran, estarían preocupados por estudiar en vez de seguir en paro, como podemos transformar todo aquello en lo que no estemos de acuerdo.

En ninguno de los debates y enfrentamientos mediáticos entre dirigentes de partidos, funcionarios públicos y legisladores, hemos visto como principal beneficiario de sus argumentaciones, a la ciudadanía en general; todos hablan de las afectaciones de sus grupos en particular, y no se ven propuestas con respecto a problemas comunes como la inseguridad, corrupción o impunidad.

Si los partidos políticos han fracasado estrepitosamente en verdaderamente abanderar los intereses ciudadanos, y los funcionarios públicos (de los tres niveles) perdieron la conciencia de que la ciudadanía es su jefe inmediato, y quien les paga, es impostergable que esa ciudadanía les recuerde quién manda.

Existen claramente en la Constitución responsabilidades para las diferentes instituciones encargadas de gobernar, legislar, implementar justicia en este país.

Si no están cumpliendo con esas responsabilidades, se vuelve estrictamente necesario que los ciudadanos asumamos el rol que nos corresponde en hacérselos ver.

Tenemos que impedir la radicalización de las protestas, inquietudes y demandas; se debe apoyar y fortalecer a las instituciones, no hay otra forma de acabar con la corrupción y la anarquía que el apoyarse en las instituciones y apegarse a la ley. Es urgente una mayor participación ciudadana.