Mundo Industrial

Siempre vendrán tiempos mejores

Por más que se quiera evitar hablar de violencia, sucesos continuos como los de la semana pasada, nos indican la gran turbulencia que se vive alrededor del mundo.

El ataque en Niza, más de 80 muertos, el intento de golpe de estado en Turquía,  cerca de 300 muertos, más ataques a la policía en diferentes partes de Estados Unidos, asesinatos a lo largo y ancho del territorio mexicano.

No hay tregua en la violencia ni en la anarquía, el estado de ebullición es constante en todas partes y es imposible dejar de preguntarse si existen soluciones a la vista.

La sensación de desanimo es generalizada y con mayor frecuencia escuchamos que el anhelo por crear mejores condiciones de vida para los nuestros es como una quimera, cada vez más difícil de alcanzar.

Y es aquí donde tenemos que poner mucha atención en enfocar adecuadamente todo el alud de noticias negativas que inundan nuestra  vida diaria.

Recuerdo con cariño a uno de mis jefes quien me honró con su amistad durante mucho tiempo, por más de 40 años ininterrumpidos, tuvimos la costumbre de llamarnos en nuestros respectivos cumpleaños, y este año cuando lo llame, me dijo que justo estaba esperando mi llamada para completar su tarea de ese día. No entendí lo que quiso decirme, hasta 4 días después, que me avisaron de su fallecimiento.

Aprovechó mi llamada, para mostrarle a sus nietos, el valor de la constancia de una amistad, a lo largo de todos estos años, tener el privilegio de recibir una llamada para hacerle patente a su amigo el gusto de cumplir un año más y el aún mayor privilegio de poder hacer esa llamada.

Mi madre solía decirme: “los pequeños detalles, te muestran a las grandes personas”, todos los días tenemos muestra de esos pequeños detalles, son estos en los que debemos enfocarnos para mantener esa constancia y ese anhelo, que debe existir siempre, de lograr un mejor entorno para todos nosotros.

No permitamos que nos derrote el fatalismo y la desesperación, siempre después de la tormenta vendrá la calma, y eso nos debe hacer entender que también después de la calma seguramente vendrá una tormenta y debemos estar preparados para enfrentarla.

Nuestra existencia misma es de ciclos, etapas buenas, otras no tan buenas, y algunas terribles, pero debemos tener la convicción y el anhelo de que siempre vendrán tiempos mejores.

El espíritu prevalece sobre la materia.