Mundo Industrial

Reforma energética, de gran calado


Finalmente el sábado pasado pudimos conocer el dictamen en comisiones del Senado con respecto a los elementos que conforman la reforma energética.

Básicamente se habla de que a través de este esquema se ponga fin al monopolio de Pemex en lo que respecta a la exploración, extracción y refinación del crudo y abre la puerta para que a través de contratos en cuatro modalidades -de servicios, de producción compartida, de utilidad compartida y licencias a particulares- estas actividades puedan ser ejecutadas por la Iniciativa Privada.Se reafirma que: “Tratándose del petróleo y de los hidrocarburos sólidos, líquidos o gaseosos, en el subsuelo, la propiedad de la Nación es inalienable, e imprescriptible y no se otorgarán concesiones”.

Establece también el dictamen que una vez aprobada la reforma, el Congreso tendrá un plazo de 120 días para elaborar las leyes reglamentarias adicionales que precisen los alcances de los contratos mencionados, tanto de las contraprestaciones que deban generar como de las formas de pago y recuperación de las inversiones.La verdad sea dicha, los elementos apuntan hacia una reforma de gran calado que verdaderamente tiene la capacidad de transformar al país; falta ahora su discusión puntual y eventual aprobación.

De igual manera, en forma inmediata se hizo presente la descalificación y el rechazo total de la izquierda, encerrada aún en dogmatismos añejos y sin sustento real.

El esgrimir que todos los mexicanos somos dueños del petróleo, es cerrar los ojos a la abrumadora realidad de que hoy más del 50% de la gasolina que consumimos en este país la importamos, que Pemex no tiene capacidad de producir los petroquímicos que la industria mexicana importa para transformarlos y exportar productos terminados; nada más la substitución de importaciones de estas materias primas, le representaría al país un ahorro superior a los 5 mil millones de dólares al año.

Esperamos ahora una discusión responsable y enfocada a sacar adelante esta reforma para así ponernos de inmediato a trabajar en promocionar y convencer a inversionistas nacionales y extranjeros de aprovechar esta oportunidad única de contar aún con reservas energéticas que nos lleven a construir un país de crecimiento sostenido y regular.

El sector energético es el único que nos puede aportar crecimiento al PIB y otorgarnos la oportunidad de competir en igualdad de circunstancias con nuestro vecino del norte, que a través de la explotación del shale gas y el shale oil estará consolidando su independencia energética en los próximos cinco años, mientras que nosotros estamos viendo disminuida la producción diaria de petróleo a pasos gigantescos, que de no revertirse nos pondrían en una mucho mayor dependencia del extranjero de la que hoy sufrimos.

Imaginar un México importando el 100% de sus combustibles y petroquímicos es ver a un país sumido en la miseria y el ostracismo; ¿qué podríamos ofrecer al mundo a cambio de energía? Se antoja una película de terror.