Mundo Industrial

Odile, un desastre social en BC

Con el paso de los días, la dimensión de los daños dejados por “Odile” son más evidentes y nos permiten descubrir varias y diversas realidades.

La contundencia de la naturaleza y lo vulnerables que somos los seres humanos ante una fuerza como esta, y lo mucho o poco que podemos prepararnos para este tipo de eventualidades con las que siempre tendremos que convivir.

Pudimos ser testigos de cierto nivel de prevención, ya que se activaron a tiempo albergues, y de buena manera se minimizo la pérdida de vidas, por otro lado, esa tentación humana de protagonismo, en donde se apresuró la información al declarar saldo blanco por las autoridades, cuando en este tipo de situaciones, todos sabemos que se requiere de varios días para tener información sólida respecto a personas desaparecidas que eventualmente se conoce que perdieron la vida.

Es importante resaltar el reducido número de víctimas mortales, ante la dimensión de este meteoro, y las circunstancias en que se dieron estas pérdidas de vidas humanas, tuvieron mucho que ver con la osadía de las víctimas, y quizá su falta de atender las recomendaciones de prevención.

Vimos una muy rápida respuesta del Gobierno Federal, tanto para hacer llegar agua y víveres, organizar un puente aéreo para sacar a los turistas ahí varados, como para restablecer el servicio eléctrico. Los anteriores y muchos elementos más, son evidentes y se pueden analizar en detalle, sin embargo existen otros, que parecieran estar ocultos y que nos mandan un mensaje muy fuerte respecto de nuestras realidades como país y como seres humanos.

Es sin lugar a dudas conocida la importancia de Los Cabos como destino turístico, ahí existe una gran infraestructura con inversiones millonarias, no solo de cadenas hoteleras mundiales, también hay complejos residenciales privados de altísimo costo.

Ahí donde una noche de un hotel de gran clase puede costar más que varios salarios mínimos de un mes, podemos encontrar un mensaje oculto que amerita una reflexión profunda, sobre lo que debiera ser nuestro futuro.

Imágenes de televisión que dieron vuelta al mundo, mostrando a una turba enardecida, por saquear comercios y tiendas departamentales, no por falta de alimento o agua, por pantallas planas, juguetes, electrodomésticos, etc.

Es verdaderamente preocupante ser testigos de cómo una gran cantidad de personas, se mostraron más empeñadas en hacerse de bienes de consumo sin pagar por ellos, que por ver cómo ayudar a alguien que pudiera necesitarlo.

Ver rostros desaforados, peleando por una bicicleta o un juguete, sin pensar que responderían si sus hijos les preguntaran cómo obtuvieron ese artículo.

Observar a cientos de personas en actos de rapiña  en medio de una tragedia, nos deja una sensación de vacío y nos obliga a reflexionar sobre el esquema económico de gran desigualdad en el que vivimos.

Ese frenesí de obtener satisfactores de bienes materiales a los que seguramente no se tiene acceso de manera sencilla, es una evidencia contundente del gran desinterés hacia nuestros semejantes que hemos ido dejando crecer y en el que hemos sido totalmente omisos.

En el afán desmedido de acumulación de riqueza, nos hemos olvidado de las clases más vulnerables, eso es más imperdonable que los actos mismos que vimos, ojalá tengamos tiempo para cambiarlo.