Mundo Industrial

Fuerzas armadas, sin protección legal

Escuchamos con mucho interés el mensaje del Gral. Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa Nacional, con relación a la presencia de las fuerzas armadas atendiendo problemas de seguridad, y sin la protección de las leyes para que dicha función se lleve a cabo.

Es difícil entender cómo el Poder Legislativo ha tardado tanto en generar el marco jurídico necesario para que la labor diaria de soldados y marinos esté perfectamente cubierta y no arriesguemos a esos entregados soldados de la Patria, que ponen en juego su vida cumpliendo con una labor para la cual ni están formados, ni capacitados, ni comprendidos.

Son muchos los casos en donde se denosta la acción de la milicia, y los señores encargados de los Derechos Humanos destruyen carreras y personas persiguiendo elementos que solo estaban cumpliendo con su deber.

Sin lugar a dudas (como en todas partes) habrá excesos y abusos de algunos elementos, pero estos siempre serán los menos y las mismas instituciones armadas han sancionado severamente dichas acciones.

La falta de resultados por parte de los gobiernos estatales en el tema de atender con elementos propios la seguridad en temas de delitos patrimoniales o del fuero común como se le conoce es atroz; mientras no se cuente con la cantidad adecuada de personal, con capacidades, equipamiento y buena remuneración, hace indispensable contar con el apoyo de esas fuerzas militares.

Pedir que regresen a sus cuarteles es la petición más simplista; ¿con quién vamos a cubrir los huecos de personal capacitado para atender la seguridad?

El fenómeno de la inseguridad es como el dragón de mil cabezas: se adecua, es dinámico, de fácil adaptación y movimiento, y si no se atiende con constancia y decisión, los espacios en donde opera son difíciles de recuperar.

Si se generan vacíos de atención por parte de las autoridades, estos serán cubiertos de inmediato por los criminales, y la lucha será cada día más cruenta y dolorosa.

La solución real para un problema de esas dimensiones está en la participación ciudadana de la mano de las instituciones y las autoridades; existe una corresponsabilidad, ya no es un asunto de solo exigir al gobierno que paternalmente lo solvente. Quienes no lo entiendan así, van a seguir viviendo en el error y la anarquía.