Mundo Industrial

Enfrentar la crisis, el único camino

Por muchos años he escuchado frases como: “En las grandes crisis el corazón de un hombre se rompe, o se curte”, “Lo que no te mata te fortalece”, “También en los fracasos hay enseñanzas”, “Las crisis pulen tu vida, porque en ellas descubres lo que realmente eres”, Etc. Etc. Etc.

Y por más esfuerzo que se haga, es inevitable sentir el peso de los obstáculos que impiden que las cosas vayan bien, y sobre todo palpar la superficialidad y banalidad de muchos seres humanos que medran ante situaciones desafortunadas para otras personas.

En esos momentos de gran complejidad, y soledad, existen dos elementos que son verdaderamente un oasis en medio del desierto: la familia y los verdaderos amigos.

Y aquí también vale la pena reflexionar, que, a diferencia de la familia, son los amigos a quienes tenemos la prerrogativa de escoger, por ello es contundente también la frase:

“Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro”. Y en ese tenor, es que con gran humildad doy gracias a esos verdaderos amigos que siempre están cerca.

También estoy convencido de las sabias palabras de Einstein: “Es en las crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es una caricia”.

Al estar en medio de una crisis, el principal problema es reconocerlo, y mientras más rebeldes seamos a aceptarlo, menos enfocados vamos a estar en resolverla, y enfrentarla es el único camino, rendirse nunca debe ser opción.

Las enseñanzas que se generan durante y después de los tropiezos, son infinitamente superiores, a aquellas que logramos en tiempos de bonanza, que nos llevan a estacionarnos en una zona de confort.

El dinamismo con el que suceden las cosas en medio de la turbulencia, es de una velocidad incontrolable y obliga a respuestas impredecibles, y muchas veces llenas de creatividad, que no se pueden ver cuando estamos en la rutina cotidiana de la normalidad.

No creo que exista un ser humano consciente, que disfrute el estar en una crisis; lo que sí puedo afirmar con vehemencia, es que una vez que se ha transitado por una etapa de gran complejidad, el acervo que se obtiene y la visión periférica que se genera, ya no desaparecen y se vuelven herramienta indispensable en el futuro.

Cualquier emprendimiento conlleva un riesgo, los grandes retos suponen grandes riesgos también, no puede haber el uno sin el otro: es el ying y el yang, el blanco y negro, la luz y la obscuridad; y ante todos ellos una constante como gran ecualizador:

Una voluntad férrea.