Mundo Industrial

Ciudadanización, reto mayúsculo

El entorno mundial, al que nos referimos más frecuentemente como Globalización, ha traído consigo infinidad de retos, los más reconocidos son por supuesto los de implicación económica, sin embargo hay otros que inciden también en la economía y son más subjetivos y por ello frecuentemente desatendidos.

Uno de ellos es la ciudadanización o empoderamiento del ciudadano, este es un reto mayúsculo, que por su misma dimensión es también una enorme área de oportunidad de por fin lograr cambios estructurales en la gobernanza de un país.

Cualquier sistema político depende del Ciudadano y su compromiso individual, (que se vuelve colectivo con el voto) para establecerse en el poder, y posicionarse en una relación vertical Gobierno-Ciudadanos, en donde por supuesto las grandes decisiones son tomadas por el o los grupos en el poder. Y en esto no nos engañemos, todos los partidos políticos en México, para lo único que trabajan y logran acuerdos es para sostener sus prebendas políticas y económicas derivadas del ejercicio del poder.

Poco importa la opinión ciudadana colectiva, si esta va en contra de los intereses de esos grupos particulares.

De ahí que los resultados positivos de crecimiento, avances tecnológicos, mejora en la calidad de vida de los ciudadanos, se da en países en donde la participación ciudadana es altamente activa.

Y no nos confundamos aquí, participación activa no significa que los ciudadanos participen directamente en las esferas de gobierno, significa que los ciudadanos participen en la toma de decisiones y ejecución de ellas de manera activa proponiendo y supervisando. El primer paso para ello es que cada ciudadano se sienta parte integral de la comunidad en donde vive y con ello adquiere el compromiso y la actitud de participación.

El verdadero Desarrollo Humano nace a partir precisamente de esa participación, con ella es posible que ese ciudadano construya para si y para los demás un entorno de bienestar y futuro individual y colectivo.

Esto requiere de un cambio básico de actitud, pasar de tener solo una visión respecto de mis derechos, a ampliar esa visión a generar conciencia de los derechos de todos los demás, así como tener conciencia clara de obligaciones y responsabilidades como ciudadano.

Actitudes tan sencillas como respeto a nuestros vecinos, atención a nuestra vida diaria en comunidad, (cultura vial, respeto a las instituciones, patriotismo, etc.) cosas que nuestra generación aprendió en las olvidadas clases de Civismo en la escuela primaria. Consideramos vale la pena reflexionar sobre lo valioso que puede ser que cada ciudadano se preocupara por tener esa participación activa, el que de manera colectiva se pueda construir un país en donde se respete la ley y los derechos de todos.

En donde un grupo de ciudadanos organizados tenga el poder suficiente de cambiar el rumbo de decisiones que afecten al país entero.

Suena utópico, pero no lo es, es totalmente factible, lo único que requerimos es compromiso y actitud para trabajar conjuntamente. Una sociedad organizada es una sociedad poderosa.

Aprovecho el espacio para agradecer a Milenio la oportunidad de compartir esta columna que hoy cumple 300 publicaciones consecutivas, lo que continúa representando un gran honor y privilegio para un servidor.