Mundo Industrial

Brexit, o el privilegio de la clase política

El jueves pasado fuimos testigos de un proceso que vale la pena analizar: el llamado “Brexit”, y más allá de buscar entender las razones de fondo, ahora podemos quedarnos en lo superficial.  ¿Qué necesidad había de hacer un referéndum con respecto a permanecer o salirse de un acuerdo que ha sido claramente de beneficio para Gran Bretaña? La verdad es que ninguna, excepto los intereses políticos. Dicho referéndum y su resultado, no constituyen una obligación expresa para el gobierno de acatar el resultado; de hecho el Parlamento puede vetar dicha decisión.

El primer ministro Cameron (que ya renunció) prometió, que en caso de ganar las elecciones de 2015, presionado por su propio partido, y derivado del crecimiento del partido nacionalista de derecha UKIP, llevaría a cabo dicho referéndum; pero lo hizo convencido que nuevamente se impondría el sentido común de la sociedad, votando a favor de permanecer en la UE. Lo que sucedió, es lo que puede pasar en cualquier elección con un tema que está polarizado, cualquiera de los dos extremos puede ganar; y al ver los resultados, se confirma, con un margen mínimo, gano la decisión de separarse, hablamos de alrededor de 850 mil votos de diferencia, de un total de 33,5 millones de votos. Ya al día de hoy, las peticiones en el sitio web del Parlamento para pedir un nuevo referéndum superan los 2 millones de personas, lo que muestra la poca congruencia de usar un referéndum sin bases sólidas, de poner límites que garanticen que sea la voluntad de una verdadera mayoría, la que decida sobre temas trascendentes de un país.

E insisto, ni siquiera vamos a entrar a analizar los argumentos a favor y en contra que actores importantes de esta decisión pueden esgrimir; solo nos concretamos a establecer como esto, es un ejemplo de que cuando se toman decisiones basadas en los intereses políticos solamente; el resultado siempre será perder-perder.

La devaluación de la Libra Esterlina, la dificultad que enfrentaran muchas de sus exportaciones, el incremento en la vocación separacionista de Escocia e Irlanda, la invitación “Urgente” de la UE para solicitar oficialmente la separación al Gobierno Británico, son solo una pequeña muestra de las enormes dificultades que vienen en el corto plazo.

Lo anterior, aunado a mayor desempleo, mayor impacto a las clases más necesitadas, y complicaciones migratorias, arancelarias, y de mala imagen internacional, confirman que no paga dividendos pretender privilegiar a la clase política por encima de los intereses de una Nación.

Una buena lección que debemos aprender en cabeza ajena.