Mundo Industrial

Aerolíneas, sin interés por sus clientes

Una vez más tuvimos la mala fortuna de toparnos con colaboradores de una línea aérea, que demuestran que lo que menos les interesa son sus clientes.

Y lo manifestamos con pesar, porque el servicio en general que hemos recibido de la aerolínea TAR ha sido en general muy bueno, incluso me atrevo a decir que sobresaliente.

La semana pasada tenía mi boleto confirmado para el vuelo de las 6:45 de la mañana a Monterrey, y desde la noche previa intenté imprimir mi pase de abordar; pero el sistema no me lo permitió. Derivado de la alta frecuencia de los vuelos que realizo, el estatus de pasajero frecuente me otorga el beneficio de abordaje preferente. Así que me fui al aeropuerto y llegué al mostrador a las 6:15 am, para encontrar una cartulina que decía “cerrado”; al preguntar al personal de otra aerolínea que estaba despachando, me dijeron que las encargadas del mostrador ya se habían ido a plataforma para abordar el vuelo.

Subí rápidamente las escaleras para tratar de avisarles que tenían un pasajero (sin equipaje) para que me permitieran abordar; al llegar al filtro de seguridad me informan que el personal de TAR aún no subía para documentar el vuelo, y les pedí les avisaran por radio que tenían un pasajero en el filtro de seguridad.

Las señoritas encargadas de abordar el vuelo llegaron al filtro a las 6:32, y yo ingenuamente les dije: “qué bueno que las alcancé antes de ir a abordar el vuelo, porque llegué a imprimir mi pase y no había nadie en el mostrador”, a lo que me respondió que ellas no podían dejarme abordar, porque el supervisor ya había cerrado el vuelo. Le insistí “pero si todavía ni siquiera llegan a la sala de abordar, y estoy aquí antes que ustedes; avísenle a su supervisor que me permita abordar”.

Me dijeron que tenía que regresar abajo al mostrador, y le avisaron por radio; al llegar no había nadie, por lo que toqué la puerta que estaba cerrada y se escuchaba con claridad a la señorita hablando con radio con el supervisor, comentándole del pasajero de última hora.

Regresé a la planta alta y conseguí el teléfono celular del supervisor; le llamé y me colgó el teléfono. Insistí en dos ocasiones más y simplemente no contestó.

Mi urgencia por irme en ese vuelo es que tenía una conexión de Monterrey a Nueva York, situación que le expliqué a la señorita al platicar con ella en el filtro de seguridad.

Al darme cuenta de lo inútil que era seguir intentando, compré otro boleto a la Cd. de México, cambié mi boleto de Monterrey-NYC, por uno de CdMx-NYC (sin cargos) y llegué a mi destino una hora después de mi itinerario original.

Esperé al buen amigo supervisor para explicarle que me parecía una falta de atención con un cliente frecuente no permitirme abordar, y una grosería total el no contestar mi llamada al celular, a lo que el buen joven contestó: “No tengo por qué usar mi celular personal para atender cosas del trabajo”. Solo queda rezar por otras personas con ganas de servir.