Mirada en la red

El festejado

Tiene muchos años encima. Fue producto de la civilización. Ha tenido múltiples rostros; su cuerpo ha variado y continúan mutando. En sus primeros años, cuando apenas "gateaba", únicamente le podían tener algunas personas que sabían qué hacer con él y de dónde venía. No faltó quién le escondiera o quienes le guardaran cual preciado tesoro.

En varias ocasiones no le tocó ser reproducido a diestra y siniestra. Por ello, le bautizaron "incunable". Esa peculiar característica le ha llevado a permanecer entre vitrinas de alta seguridad, únicamente para ser contemplado a la distancia, aunque mostrando una pequeña parte de sus intimidades. Quienes conocen su historia, saben que durante varias épocas oscuras padeció en distintos lugares del mundo. Como le sucedió a muchas personas, a él también lo enviaron a la hoguera cientos de miles de veces; infundía temor por lo que contenía su cuerpo y, con sólo mirarle detenidamente, podía aconsejar ideas agitadoras o llenas de luz transformadora. También solía (y lo sigue haciendo) despertar conciencias adormecidas y es proclive a mostrar que existen otras maneras de existir, tanto mejores como peores a las que tenemos.

Entre otras cualidades, a quien le brinda su atención, su esfuerzo y esmero, le puede hacer comprender, distinguir, diferenciar, mirar a fondo y con agudeza. Cuando se relaciona fuertemente con quien le tiene en sus manos, puede hacer que esa persona viaje años atrás o hacia el futuro, en el espacio; puede llevar a entender temas diversos, así como otras culturas pretéritas, actuales o diferentes. Vamos, un tipazo al que si le sabe atender y se le dedica horas de trabajo, da de sí, en directa proporción al tiempo que se le consagra. Como todo en la vida: ¿Entrega, atención, calidez, disciplina y esmero? Cosechamos los merecidos resultados.

Dada su longevidad, a nuestro festejado le ha tocado vivir esta época, caracterizada por el esnobismo, la mercadotecnia y la cancerígena simulación. Por ejemplo: Hay quienes hablan de él, pero pocas veces o ninguna han tenido encuentro alguno. Otros individuos –verdaderamente esnobs-- le tienen como perpetuo invitado en sus casas o en sus oficinas, pero lo dejan eternamente encerrado. Es cierto: en tanto huésped, lo han puesto en algún sitio para que luzca y quienes le vean concluyan que es un asiduo visitante y que se lleva maravillosamente con quienes le tienen cerca; pero nuestro homenajeado sabe que jamás le han dirigido la más mísera o idílica curiosidad. Una descortesía, a todas luces. Cada fin de año, en sus múltiples nichos, escucha renovadas promesas de acercamiento y de importancia, pero la mayoría de las ocasiones es lanzado a las mazmorras del olvido. Antier, 23 de abril, no. ¡Feliz cumpleaños, querido Libro!