Mirada en la red

Vivos con sus muertos

Durante el paleolítico, los neandertales comenzaron a sepultar a sus muertos. Un ritual que nos indica que en ese grupo de homo sapiens había surgido la conciencia de la brevedad de la existencia y la percepción social de la muerte. ¿Qué se ha pensado en torno a la muerte?

En la Edad Media, quienes abrazaban la religión cristiana consideraban (y piensan) que el fallecimiento no sólo era un destino inevitable, sino que debería enfrentarse con resignación, en tanto producto de voluntad divina y con una ciega confianza en que si bien el cuerpo moría, el alma continuaría su viaje hacia el más allá, para rendir cuentas ante el Creador.

Las abiertas expresiones de dolor por parte de los deudos, fueron hijas del periodo Romántico. Entrado el siglo XX, para las familias que vivieron los efectos de las dos guerras mundiales, se rompió el "orden natural" que mandataba la muerte de los padres y, años más tarde, la de sus hijos. Con ambos acontecimientos bélicos, muchos progenitores tuvieron que enterrar a sus vástagos.

Recientemente, se evita hablar y pensar sobre la finitud. La muerte ocupa menos espacio en discursos y pensamientos. En México, al amanecer de cada noviembre nos da por encarar a la "calaca"; se compran y obsequian cráneos de azúcar, cada uno distinguido con nombre de una persona viva y apreciada (para recordar que ese destino final es ineludible).

Renacen y se recrean calaveras literarias, epitafios burlescos para expresar ideas y sentimientos hacia personas, regularmente investidas de algún cargo público o inscritas en los arillos del poder.Piden y pagan misas; realizan procesiones; colocan ofrendas a base de comida, frutas y bebida; las campanas de las iglesias repiquetean. Acuden a panteones para limpiar la sepultura; encienden veladoras; colocan flores y forman una vereda con cempasúchil para que el difunto (que viene a visitarnos) halle el camino a su morada, dispuesta en el más acá. Todo, para que los que han marchado, tengan en cuenta que les recordamos, en el mes once del año. Así, la economía se reactiva y las creencias perduran.

Este tipo de rituales mítico-religiosos, hunden sus raíces en cada cultura y distingue a cada pueblo. En el hinduismo exigen la cremación del muerto en la pira y las cenizas son depositadas en un río considerado sacro. Aunque se ve menos, todavía existe el ritual del Suttee o Sati, es decir, la viuda debe prenderse fuego junto al cadáver de su marido.

Vaya poder de las creencias. Prefiero pensarme y sentirme, siempre, como un vivo-mortal; sin las creencias en el cielo, purgatorio e infierno, ni sus costales de premios, pecados, culpas y perdones. ¿Para qué? Para vivir el eterno presente como me apetezca.