Mirada en la red

Trenes

Durante el porfiriato (1876-1911) nuestro país dio muestras de su interés modernizarse. Uno de los rubros de ese avance estuvo centrado en desarrollar la red ferroviaria. En 1850, unos años antes de que Porfirio Díaz llegara a la presidencia --que perversamente conservó por más de 30 años-- se construyó lo que sería el primer tramo de 13.6 kilómetros. Por ello se reconoce que dicha red tuvo su auge en el longevo y despótico gobierno de Díaz, pues creció vertiginosamente en el último tercio del siglo XIX.

En el periodo cardenista (1934-1940) se remarcó la necesidad de que el Estado conservara el control de estas vías de comunicación, ligadas a la economía del país. Con el gobierno de Miguel Alemán Valdés, incluso se puso en operación un programa para rehabilitar a Ferrocarriles Nacionales de México. Todo era patria y nacionalismo en aquellos años. Cuando despuntaba el amanecer de la década de los 90, hablando del pasado siglo XX, se firmó un pomposo convenio de "Concertación de Acciones" para modernizar el sistema ferroviario en el país. Se trataba de una alianza entre el gobierno federal y la iniciativa privada para hacer más eficiente este servicio, tanto de carga como de pasajeros.

Casi nada se hizo y la cosecha modernizadora para las vías de trenes languideció de manera sistemática. Con la llegada del modelo neoliberal que nuestro país ha recibido con singular alegría y nulo sentido crítico, entre 1995 y 1997, se concretó la privatización (mediante sigilosas concesiones) para que este sector de la economía recibiera la generosa y misericordiosa ayuda de la inversión privada.

¿Qué tenemos en México? Una red ferroviaria vetusta que se ha centrado en el transporte de carga. Con muchas dificultades se sostiene un servicio de tren que corre el tramo Mochis-Chihuahua; una verdadera proeza por el escaso turismo que campea en el país. La empresa Kansas City Southern "de México", tiene la mejor tajada de aquello que se edificó, costó y que furtivamente se abandonó por más de siglo y medio, pues transporta una parte de lo que se comercia entre los EEUU y México.

Esa infraestructura, con inversión pública y privada, debería ser empleada para impulsar decididamente el servicio de pasajeros que no superaran los 150 kilómetros por hora, para aprovechar lo que en el pasado se construyó. Otra raja debería dedicarse a lograr inversión para incentivar redes de trenes veloces para transportar pasajeros, al estilo del AVE en España y Francia; de Trenitalia (servicio público y de calidad) o de Ítalo (empresa privada, también eficiente) pues ambas funcionan en una parte de la región meridional. Deberíamos tener trenes bala como se hace en países más pequeños como Japón. ¿Por qué no los tenemos? ¡Porque nos abraza la política mexicana! Nada más.