Mirada en la red

Tokenismo y poder

Si bien es un término anglosajón, el tokenismo comienza a adquirir cada día mayor visibilidad en diversos aspectos de nuestra cultura y del ejercicio del poder. Se trata de una “práctica de hacer públicamente pequeñas concesiones a un grupo minoritario para desviar acusaciones de prejuicio y discriminación”. Por ende, es una estrategia de inclusión simulada; una fachada que pretende comunicar o informar a los demás que, quienes ejercen el poder, han incorporado a determinadas minorías con las que son capaces de compartir su quehacer. Así, cuando en ciertos puestos se incluyen a indígenas, afroamericanos, latinos, mujeres, personas discapacitadas o individuos de tercera edad, se dice que esta acción opera como “amueblamiento” o simulación.

Dicho término surgió en el campo de la psicología social y ha sido analizado por Michael Hogg y Graham Vaughan. Ellos advirtieron que determinados grupos empoderados, usualmente incorporaban a sus filas a personas que formaban parte de minorías étnicas, ocupacionales y sexuales, a fin de autopresentarse como organizaciones, empresas o instituciones incluyentes, plurales y democráticas. La realidad, es que a través del tokenismo se aplacan, infantilizan e invisibilizan a quienes forman parte de las minorías.

 El recién electo presidente de México, el panista Vicente Fox, antes de acudir a tomar protesta como jefe del Poder Ejecutivo, en el recinto del Palacio Legislativo, aquel 1o de diciembre del año 2000, a las diez de la mañana, en una calle del barrio bravo de Tepito (en la calle Libertad) fue a desayunar con niños, niñas y jóvenes en situación de calle. Allí, enfundado en pantalón de mezclilla, encasquetadas botas y camisa azul, Fox sirvió atole y, su acompañante, la señora Martha Sahagún, departió algunas decenas de tamales. Medida tokenista, pues intentaba enviar el mensaje de que se ocuparía de atender y mejorar la condición de estos infantes sin casa y sin escuela. Cuando uno de los chicos “invitados” a tan inusual tentempié, le dijo a quien en unos minutos más estaría recibiendo la banda presidencial para conducir los destinos del país, “sólo le queremos pedir que no nos falte pan para comer”, Vicente Fox únicamente atinó a decir: “A ver qué se puede hacer”. Hizo muy poco y, a ratos, nada. La fachada que levantó aquel día emblemático para él, ocupó espacio y expectativas en los medios de comunicación. El poder es ubicuo.