Mirada en la red

TLCAN, 20 años después

Hoy lunes a las seis de la tarde, en la XXXV Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, se presenta el libro "La dimensión emocional en el discurso televisivo". Un texto colectivo que integra aportes de 11 especialistas.

El trabajo académico fue articulado gracias a la colaboración interinstitucional lograda por investigadoras/es procedentes de la Universidad de los Andes, Chile y de la Universidad Anáhuac, México-Norte. La edición fue acompañada con el sello Tirant Humanidades, en su colección Comunica.

A lo largo de sus ocho capítulos, el texto deja ver un entramado en el que se explica la relevancia del mundo de las emociones humanas, en tanto constitutivas estructurales de lo que nos configura como personas. Más que racionalidad o raciocinio, somos un nudo de emociones.

Sobre dicha base, vemos, interpretamos y conocemos gran parte de nuestro mundo. Con la misma suerte de encontradas alteraciones volitivas, reaccionamos y actuamos en nuestra vida diaria.

El discurso televisivo, sabedor de esa condición, utiliza ese manantial para tratar de mantenernos, a su manera, frente a la pantalla.

En 1873 Charles Darwin publicó "La expresión de las emociones en los animales y en el hombre". En dicha obra sostuvo que eran seis las que nos caracterizaban como especie humana: felicidad, tristeza, ira, miedo, asco y sorpresa. Prácticamente un siglo más tarde (1966), Paul Ekman agregó a este conjunto la culpa, la vergüenza, el bochorno, los celos y el desprecio.

Sobre la base de ese terreno rocoso, escarpado, sinuoso y semioscuro que constituye el mundo emocional, el discurso televisivo elabora sus relatos para tratar de mantenernos ligados a sus contenidos y a la publicidad, minuto a minuto, hora tras hora y semana a semana.

Para ello, tal como se anota en una parte de este libro, la televisión muestra y cuenta, mediante sonidos (música y efectos sonoros), palabras llanas, imágenes fijas y en movimiento, así como un conjunto de recursos cuidadosamente confreccionados, pedazos de realidad seleccionados para convencer, seducir, hiperestimular o atrofiar nuestras emociones.

El epílogo de esta forma narrativa es que la mayoría de las ocasiones se genera contemplación y que nuestra capacidad de análisis queda al fondo, recluida.

El libro coordinado por María José Labrado y María Antonieta Rebeil, desmenuza las características que han tenido programas televisivos como: Gran Hermano (Big Brother), Operación triunfo, Idols, Asesinos por naturaleza, Mordidas mortales, El cazador de cocodrilos. También se analiza el conjunto de emociones que emergen cuando la televisión presenta información sobre desastres, saqueos y damnificados. Bienvenida esta aportación académica a nuestro campo.