Mirada en la red

Servicio deficiente, buen negocio

¿Le parece que el título de esta columna es un contrasentido? ¿Junté polos puestos y se trata de un título que raya en la esquizofrenia? No. Ni contrasentido ni mundos enfrentados. El servicio de telefonía celular, cuyo principal magnate es Carlos Slim, vende y explota una mina que acampa en la más cínica falla permanente.

Van las siguientes perlas: 1). La conectividad cae frecuentemente. Así que de los 101.7 millones de usuarios que contratamos servicio de telefonía celular, la mayor proporción la tenemos con Telcel y diariamente perdemos señal. Dilapidamos tiempo, dinero, procesos y comunicaciones para atender y resolver nuestros asuntos. La empresa del millonario debería devolvernos dinero cada que perdemos señal procedente de su pésimo oficio. Pagamos para tener servicio telefónico en un dispositivo móvil.

2). Cuando logramos hacer o recibir llamadas, llanamente la tónica es que se corta la comunicación. Uno u otro interlocutor, tenemos que volver a marcar para restablecer el ansiado contacto. Entonces la caja registradora de Telcel, ingresa más dinero a la cuenta del supermillonario y mega-empresario de origen libanés. Lo peor es que solemos ofrecernos raudos perdones o disculpas porque "se nos cortó" la bendita llamada. Vaya raja que abona la religión; hasta por lo que no hacemos nos sentimos culpables. Recuérdese aquello de "...Porque he pecado mucho, de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa...". Mientras tanto, el verdadero malhechor está cocinando otros mega-negocios con los de su élite.

3). Enojos, rabietas, reclamos y malos entendidos de toda estirpe y calaña porque usted cree que está llamado a la persona requerida y... Entra buzón. Entonces sobrevienen, entre nosotros, los "Por qué no me contestas". "Te estuve llamando y entraba tu buzón". "Te marqué, pero me manda a buzón". "Te llamo y nunca contestas", entre otras expresiones cerriles e impublicables. ¿Qué sucede? Tiene que ver con la deplorable conectividad que caracteriza a la red telefónica con la que lucra el dueño de Telcel. Pero los reclamos y reprimendas ocurren entre nosotros.

4). Nada más ensaye cancelar el contrato que usted firmó con esta leonina empresa –también con otras – y ya se enterará de lo costoso que le resultará. Intentar ser una veta menos de esa mina que explota Carlos Slim, es como apetecer pegarle al dios de los dioses: El Señor Dinero ¡Vaya sacrilegio! Optará usted por seguir abonando a este cristalino monopolio de la telefonía celular, antes de quedar desconectado por unas horas o días. Así las cosas. La receta es muy clara: Monopolio+Deficiencias=Ganancias ¡Buen negocio!