Mirada en la red

Próximo domingo

En 1984 el cantautor cubano Silvio Rodríguez grabó una de sus canciones dedicadas al día domingo [...] Qué buen pretexto das para cantarte; todo ha comenzado a saludarme y, parece como si la tierra fértil me esperase --dice casi al inicio. Y, agrega: Domingo, es como si no me quedaran penas, como si fuera siempre primavera; como si la sed humana no supiese de fronteras.

Como en aquel año, el próximo domingo será 1o de enero de 2017. ¡Qué lejos nos han quedado las ilusiones y anhelos de que nuestras vidas y la de los países vayan mejor! Muchos aspectos como especie humana van a menos. Cada segundo más devastación en el planeta; cada minuto más violencia, inseguridad e injusticia; cada vez más desigualdad y pobreza en amplios grupos humanos. Sin embargo, el modelo no quiere cambiarse. El saldo favorece a unos pocos.

¿Cómo dar y recibir parabienes de cara a un año que se asoma peor, aún desde la tierra fértil de un primer domingo de año nuevo? Sin duda, la fuerza espiritual, necedad y tozuda esperanza que no cesa de renacer, activa el caudal de voces cercanas para que, a pesar de lo que se desgarra frente a nosotros, atinemos a desearnos bienaventuranza, amor, felicidad, unión y deseos para que al fin brote un mundo mejor. Será que ante la fatalidad --cual disonantes cognitivos irredentos—preferimos soñar que todo pasará y que sobrevendrá la dicha.

Las tres religiones monoteístas, a su manera, a través de sus míticos relatos, ofrecen el paraíso y la beatitud eterna, pero siempre posmortem y, por supuesto, según méritos y notorias vetas que den cuenta de haber llevado una subsistencia sacrificial. Estando en nuestros cabales, la mayoría de las personas que entendemos algo acerca de la ineludible brevedad de la propia biografía, queremos una mayor y mejor calidad existencial aquí, así como en la eternidad del presente. No ansiamos que el gozo se quede con nosotros por obra y gracia de nadie; simple y llanamente lo que el trabajo y esfuerzo nos decanten.

La música y sus letras, con esa magia que tienen para conducirnos a distintos estados de ánimo, es el remanso civilizatorio que necesitamos para sortear los rápidos de la vida y, para soportar la selva y su balacera cotidiana. Dedicación, disciplina, trabajo sistemático, atención, colaboración, conocimiento, calidez, buen humor, así como genuinas muestras de amistad y amor, quizá nos aportarán –a pesar de los demás—algo mejor.