Mirada en la red

Navidad

Mañana martes, en una amplia variedad de hogares y de familias, se celebra un acontecimiento mítico-religioso, aportado por la óptica judeo-cristiana y ampliamente difundido a través de la Biblia, así como de los relatos que se han multiplicado en millones de iglesias que portan este sello de fe. Se alude y se festeja el nacimiento de Jesús, el nazareno. Quizá algunas personas no atinen a preguntarse por qué, una madre a punto de dar a luz, parte de Nazaret hacia Belén. Estando en días por dar a luz, lo precavido sería aguardar a que sobreviniera el parto. Fue así porque el César de la época, ordenó que los judíos y otros grupos, acudieran a Belén a registrarse, pues se levantaba un censo. Es decir, nada de que un grupo de encuestadores acudiera por todos los rincones del imperio romano para visitar hogares o asentamientos nómadas, como ahora los hace el INEGI. Para aquella época, la gente debía acudir para que se le registrase en el padrón de la población que dominaba César Augusto. He aquí la razón de tal viaje y nacimiento en condiciones insalubres.

Al mismo tiempo, en la Navidad de estos hogares, se celebra la creencia en la corta pero luminosa aportación de quien se considera el hijo de Dios, pues únicamente vivió como ser humano (como Hombre) por espacio de 33 años. Los creyentes de esta religión asumen que, después de que Jesús hizo diversos milagros de distinto contenido y propósito, así como impartir enseñanzas a través de dichos y parábolas, fue crucificado y murió en la cruz; de ahí Jesucristo (Jesús crucificado). Pero, en tanto ungido para el perdón de los pecados y la vida eterna, resucitó entre los muertos para ascender al cielo y colocarse a la derecha de su Padre. La existencia de Jesús se relata a la largo del Nuevo Testamento. En algunos episodios coinciden los cuatro apóstoles San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan. En otros, difieren considerablemente e incluso hay contradicciones palmarias. Sin embargo, para las religiones, la lógica, el razonamiento y la más elemental aritmética, no participan ni un ápice, so riesgo de ser considerado hereje, apóstata o infiel.

En mi opinión, las enseñanzas atribuidas al hijo de José y de la Virgen María, reclaman, en estos tiempos, una cuidadosa revisión y recapitulación para nuestras agitadas y consumistas existencias. Jesús de Nazaret vivió y predicó entre los pobres; vistió de manera austera; compartió sus conocimientos para hacer el bien; para quitar el dolor. Cuando escaseaba el pan y (no se nos olvide) el vino, Jesús lo multiplicó e hizo que lo repartieran entre amigos e invitados; puso en práctica el perdón como evidencia de comprensión y de querer llevar una vida pacífica; despreciaba el comercio y la vida material ¿A celebrar en su honor? Bien. Pero con porciones de acción desde ahora.