Mirada en la red

Migración selectiva

El envejecimiento poblacional se ha convertido en uno de los temas de interés tanto en los países desarrollados como en los que, como el nuestro, eufemísticamente se han clasificado "en vías de desarrollo". La población en gran parte del mundo aumenta porcentualmente en los segmentos de 60 a 69 años de edad y de 70 y más, básicamente por tres vectores concurrentes: la severa reducción de las tasas de natalidad, el descenso de la mortalidad, cuestión que se traduce en mayor esperanza de vida y, por flujos migratorios.

Hace más de tres décadas, los países desarrollados han tomado cartas en el asunto, con el propósito de reducir los efectos provocados por un creciente segmento de población que encanece. Han puesto en marcha políticas públicas y programas enfocados a mejorar la calidad de vida de las personas que sobrepasan los 65 años y más. Otra medida ha estado centrada en animar a que las personas en edad reproductiva opten por tener al menos uno o dos hijos, a efecto de inyectar –a la postre-- fuerza laboral y aportaciones económicas para poder enfrentar los crecientes gastos en salud que exigen los adultos mayores. Una estrategia adicional ha consistido en recorrer la edad a la que una persona puede optar por su derecho a la jubilación laboral. La han pasado de 55 a 65 años de edad y, no tardarán en trasladarla hasta los 70 años.

Dicho sea de paso, esta medida ha sido imitada por países como el nuestro. A partir de este año 2014, si un trabajador acumula tres décadas de ejercicio laboral, con las respectivas aportaciones ante el IMSS, podrá jubilarse siempre que tenga una edad mínima de 53 años de edad.

Cada año, esa edad límite, aumentará uno más. A partir del año 2028 la edad mínima para optar por la jubilación será de 60 años.

Retorno al tema de lo que están haciendo los países desarrollados para mitigar los efectos del envejecimiento poblacional. Debemos observar que algunas naciones han mejorado la estrategia para lograr una "inmigración selectiva". Están abriendo sus puertas, con grandes facilidades y ventajas, para aquellos jóvenes (hombres y mujeres) bilingües; exitosos en su formación profesional; con alto potencial para continuar su formación en áreas estratégicas, preferentemente sin hijos o con vástagos muy pequeños, para que "logren" migrar hacia el país desarrollado que, de paso, requiere no sólo sangre y talentos adicionales, sino que necesita seres humanos con suficiente potencial para contribuir al aumento de las tasas de natalidad. Algunos de estos jóvenes, cuando pulsan los pros y contras de poner distancia entre ellos y sus familiares, amigos y la propia cultura, están optando por salir. El panorama que les ofrece su país es por demás deprimente y no vislumbran salida alguna. Se están marchando. Tienen razón.