Mirada en la red

Yo, Manuel

"No, no sé quién eres. Dices que Luis Alfonso, pero no sé. Creo que eres como... un licenciado... por como estás vestido. Fíjate: las tres señoras que están ahí, en la cocina, dicen que son mis hijas. Les creo porque siempre me dicen ¡Hola Papá, ya vine! ¿Cómo estás? Y siempre les digo lo mismo, que estoy bien.

No, no me duele nada. La mayor parte del día duermo; cuando despierto quiero ir al baño y al rato ya tengo hambre. Una doctora vino un día y les dijo a ellas que ya no me pusieran mi dentadura postiza porque me podía ahogar. Así que de lo único que sé es de papillas, de agua con popote y de sopas molidas, que saben distinto. Pero bien a bien ya hace muchos meses que no sé qué me dan de comer, de desayunar o de merendar. Creo que a veces me dan leche con algo de pan, pero siempre remojado. De mi alipús, nada. Luego, vuelvo a dormir.

Lo que más me gusta es que prendan el tocadiscos. ¡Sí...! Es una vieja consolita que todavía sirve y ponen unos discos que dicen que son míos. Cuando escucho esa música, me imagino cosas que supongo que viví hace años, pero no sé cuantos. ¿Tú, qué edad me calculas? ¡Aahh canijo...! ¿Enserio voy a cumplir 85 años el 7 de agosto? Pues mira, yo pensé que tenía más de cien. Es que como duelen todos estos años que traigo encima, como si fuera más de un siglo. ¿Sirve así la vida? ¿Tiene sentido vivir tanto? ¿Dónde está el ser piadoso que todo lo ve y que todo lo puede? ¿Qué no ve que he perdido todo y que me pesa cada instante?Apréndetelo: Cuando cada instante te duele, estás en el infierno; sólo que no tienes la dicha de haber muerto.

Imagino que causo molestias a los demás. Cada quien tiene su vida y tienen que venir a ver si estoy bien, si amanecí o me enfermé de algo. Algunas veces viene una señora que dice que es mi hija y me lleva a una oficina; luego me embarran de tinta la mano derecha (o creo que un dedo). Dicen que si no me llevan cada tanto, entonces no me darán dinero, porque piensan que ya no existo. El otro día escuché que decían, te voy a llevar a la sobrevivencia. Y, digo, claro, soy un sobreviviente pero también un doliente de esta larga existencia. Creo que trabajé muchos años; dicen que más de 35. Entonces por eso me dan dinero. El otro día llegó una enfermera; viene seguido y se queda muchas horas. Me cuida, me da de comer; también medicinas y, aunque no me gusta mucho, ella solita me baña. Pensé que era como mi esposa, pero dicen que no. Cuentan que mi mujer murió, pero no me acuerdo. Sólo veo a mi mamá. Creo que a veces mi madrecita viene de visita, pero se tiene que ir a su casa; yo la entiendo. Otros señores jóvenes también vienen a esta casa, también dicen que son mis hijos. Me imagino que sí. Ellos vienen pocos días. Pero como yo digo: tienen su vida hecha y derecha.