Mirada en la red

Machismo vigente

¿Ha notado cómo sobreviven las pautas que portamos de la cultura machista? Los imperativos de esta cosmovisión están centrados en cinco ejes básicos:

1). Fuerza y rudeza (ser robusto como un roble y proyectar trato áspero o, en su defecto, muy sobrio). 2).Ser o parecer ingobernable, es decir, nadie nos impone qué hacer ni cómo llevarlo a cabo; ninguno nos doblegará; todo lo sabemos. 3).Somos importantes, verdaderos peces gordos, se aprecie o no. 4).Estamos mutilados para gran parte de la esfera emocional, por ende somos incapaces de producir escenas lacrimógenas o tomar parte en cotilleos (excepto que se trate de los deportes o la política) y, 5).Nos caracteriza la virilidad. Nuestra capacidad seductora y penetrativa está fuera de toda duda, a pesar de otras evidencias.

Aunque deseáramos haber sido los progenitores de todo el machismo que aceita al planeta, en realidad se ha distribuido antes y después de que este país se edificara como tal. Algunas de las expresiones referidas ya no se observan tan frecuentemente en el tejido social o familiar.

Pero eso no significa que estas pautas se estén debilitando. Cierto que algunos patriarcas han tenido que ceder varias parcelas del terreno heredado durante siglos. Las mujeres nos han mostrado que no somos infalibles; algunas de ellas, a la postre, localizan verdaderos peces gordos y redimensionan a sus actuales o añejas parejas.

Otras féminas, al combinar formación, capacidad, racionalidad y emociones han logrado poner en marcha ideas, proyectos y programas con perspectiva más sostenible.

Los imperativos de la masculinidad permanecen, en tanto sedimento cultural, no desaparecen fácilmente. Pueden ser más suaves, dulcificados o distintos pero están ahí. Cuando algunos caballeros ingresan a los bancos con la gorra beisbolera puesta (que sólo atinan a girar la visera para colocarla en su nuca), nos están expresando el machismo que les constituye.

La señalización indica que no se permite incursionar con gorra, lentes oscuros ni hacer uso del celular. Bien, pues estos congéneres nos escupen en la cara que son ingobernables; que no se les va a decir cómo actuar.

Las reglas, la normatividad, no les alcanzará nunca; son masculinos, son machistas. Si nos estacionamos con nuestros autos en lugares prohibidos, exhibimos nuestra fuerza bruta. Hombres y mujeres somos machistas cada vez que nos cruzamos de lado a lado con el auto o camión, a pesar de que está claramente trazada la doble línea continua en el asfalto, indicando que por seguridad y fluidez del parque vehicular, ese trazo es infranqueable.

Cuando charlamos, si interrumpimos más a mujeres que a hombres, somos, a nuestro pesar, machistas. Hay que observarnos más detenidamente y, mejorar a escala humana.