Mirada en la red

Longevidad cuestionada

¡Que vivas muchos años...! Una de las frases más recurrentes cuando de buenos deseos se trata,con motivo de cumpleaños. Pero hace falta acercarnos de frente a esa última etapa de la vida que es la vejez. El nivel socioeconómico y la clase social imprimen distintas condiciones a cada persona, también cuando de vejez se trata. Los (hiper)medios de comunicación --la publicidad en particular-- las creencias religiosas de cuño monoteísta, las políticas públicas y la institución familiar se han encargado de ocultar que cuando de vejez se trata, millones y millones de personas la están pasando bastaste mal.

Primero. Quien carece de una vivienda digna, con espacio suficiente y adaptada para las muchas discapacidades que, diferencialmente pero de manera ineludible, van surgiendo con el paso de los años, es ilusorio suponer que vivirá bien el último trecho de la existencia. Segundo. Sin seguridad social, servicios médicos de calidad y con suficiente personal capacitado para atender a este segmento de la población, así como recursos económicos a la mano de los viejos, es absurdo plantear una ancianidad digna. Tercero. Sin una red socio-emocional que proteja, cuide, atienda, resuelva y se involucre con sus viejos(as), sin exagerar, las 24 horas del día, es imposible que las personas puedan sortear lo que la vida cobra por una existencia, de sobra, breve. Como un día escribió Albert Caraco, "preferimos envejecer a morir con elegancia". La vida, la existencia de cada persona está vanamente sacralizada. Claro, las altas jerarquías de las iglesias jamás osarán aportar una generosa parte de sus arcas financieras para sacar de la indignidad a tantísimas personas sumidas en la pobreza en todo el mundo. Si la vida es tan, pero tan sagrada ¿por qué no le entran –en lo espiritual y en lo material—a efecto de impedir o evitar el oscuro sufrimiento cotidiano que genera tantísima miseria desperdigada, al menos entre la infancia y la vejez?

¿Qué, por lo bajo, necesita una persona vieja? Fuera de romanticismos, requieren atención médica y psicológica permanente. Recursos económicos para encarar las necesidades diarias. Un espacio físico, mobiliario y equipamiento adecuados a sus decrecientes capacidades. Especialistas que les atiendan, literalmente, cada parte y función de su organismo. Compañía cálida y conversación paciente. Una dieta cuidadosamente preparada y servida. Pañales por el (des)control de esfínteres. Personal capacitado para su aseo bucal, corporal y fisioterapéutico. Monitoreo sistemático de toda su condición como persona en declive existencial. Mientras nuestros viejos y viejas no tengan condiciones para recibir este tipo de atenciones, el interés por las personas mayores será pura y vil oratoria.