Mirada en la red

Lectura(s)

Mañana inicia el emblemático "Abril, mes de la lectura". Una de las actividades civilizatorias por excelencia, consistente en dedicar parte de nuestra efímera vida a la lectura. La educación básica, junto con la tarea de alfabetizar a la población de 15 años o más que no sabe leer ni escribir, tiene entre sus loables objetivos darnos a probar esa dulce rebanada que significa aprender a leer.

¿A escribir? Es tarea mayúscula y, lamentablemente, la mayor parte de la población en este país no escribe. Es decir, no dispone de los conocimientos, dominio, habilidades ni del hábito para expresar su pensamiento por conducto de la palabra escrita.

Si se cultiva la lectura, aparte de que se torna en combustible ardiente para el desarrollo de nuestro cerebro sintiente, se atisba la posibilidad de que nos atrevamos a expresar nuestra forma de pensar-sentir. Si un día lo logramos, entonces podremos hacer saber a quienes nos rodean, e incluso allende la fronteras, aquello que pensamos para que se torne público, en beneficio-perjuicio-desquicio-tranquilidad de quienes se topan con nuestros textos.

¿Qué habría sido de la ciencia sin osados escritores y sin lectores? ¿Sin el libérrimo proceso de la lectura? ¿Cómo nos habríamos enterado de las atrocidades cometidas por los pensadores ultraconservadores que pusieron en el Índex librorum prohibitorum et expurgatorum (libros prohibidos) obras de gran calado que dieron luz y aportaron conocimientos venidos de verdaderos librepensadores?

Si la Iglesia hubiese perpetuado su insigne poder, no habríamos crecido ante obras como las de: Rabelais, René Descartes, Montesquieu, Copérnico, Galileo Galilei, Johannes Kepler y otras más. Para vergüenza de todos/as, poco antes de la primera mitad del pasado siglo XX, la misma Iglesia católica, apostólica y romana publicó nada menos que una lista de 400 títulos que estaban censurados, a efecto de que los creyentes –temerosos de excomunión— no osaran hincarle el diente-lector a obras como las de Balzac, Emilio Zola, Víctor Hugo, Hume, Kant, Beccaria, André Gide o Bentham, entre muchos otros.

¿Qué clase de seres humanos seríamos sin la maravillosa y tozuda tarea que reviste escribir y luego, leer poesía, ensayo, cuento o novela? Crecemos y nuestra mirada se torna mejor, cuando nuestro espíritu se nutre con la lectura.

Pistas-metas: Leer ocho libros al año, para ser considerada una persona con la categoría de "lector". Conseguir leer-comprender 15 libros, si se pretende lograr la medalla de una persona que se precie de ser lectora "intermedia".

Dedicar una parte de nuestra vida cotidiana a leer, hasta alcanzar anualmente 25 libros, si se busca la medalla de "gran lector/a". ¿Cómo van las cuentas, justo ahora que se asoma abril, mes de la lectura?