Mirada en la red

Layín en la cultura

Poca gente habría sabido que San Blas era municipio del Estado de Nayarit, México, de no ser porque un día el entonces candidato a presidente municipal, Hilario Ramírez Villanueva, aceptó desenfadadamente y sin una pizca de rubor, que en su anterior gestión como alcalde de ese mismo ayuntamiento, sí le había robado a la presidencia ... "pero poquito porque está(ba) bien pobre; poquito [le robé]; le di una rasuradita, no'más una rasuradita".

Quizá el entonces candidato –de reiterada vocación para ocupar presidencias municipales– poco comenzaba a percatarse del boomerang y del salto a la efímera fama que generan los videos que otras manos suben a internet. Consecuentemente, tal vez no adivinaba la voracidad que inmediatamente despliegan los noticiarios cuando algo de la cultura política ocupa lo extremo, lo desmedido, el exceso, lo más fétido entre lo nauseabundo. Por eso Layín ha sido convidado y puesto en muchas sillas mediáticas para que "la noticia" ocupe su sitio frente a la respetable audiencia hipermediatizada y empobrecida.

¿Quién es (o era) Hilario Ramírez Villanueva, antes de YouTube? Es Layín, es el hijo de Layo. En otra cultura, el equivalente a ben (hijo de). Es amigo, antes que todo y que nada. De ahí "Layín, el amigo". Es el hijo que presenta sus más profundos respetos a la autora de sus días. ¿Quién se va a oponer a que le profese tanto amor a su madre? Layín drena todas sus culpas porque él reconoce haber nacido de una mujer. Su credencial es claramente heterosexual y machista por extensión. Eso sí, católico, apostólico y romano. Su indestructible fe en el creador le hará decir en todas las pantallas, a diestra y siniestra: "Con el favor de Dios"; "Primero Dios"; "Si Dios lo quiere". En cada exhalación compendiosa, se quitará el sombrero que le identifica.

Pero si una o más acciones se han "interpretado mal", para eso está la confesión y la aclaración mediática. Layín –dice él– no es mal pensado. Eso es cosa de los demás. Ofrece que le quemen a él, antes que a Rosita (a quien le levantó el vestido, en plena festividad). "Que nadie culpe a Rosita, porque ella es mi amiga, así como su familia". En todo caso, él es culpable. Chistorete a flor de piel como forma de vida. La guasa, la chacota, la "charrita" es parte de lo que a Layín le nutre. ¿Dudas? Que le pregunten a la respetable ciudadanía, que nada le tomó a mal. Al contrario, votaron por él. Volvió a ser elegido como Presidente Municipal de San Blas.

Layín, el empresario madrugador que se asomó a la política mexicana. Como Vicente Fox y su año 2000. Ocurrente, deudor ante la banca y que monta un corcel pura sangre. Generoso, dadivoso y corriente a más no poder. Machista irredento, con dos o tres mujeres y con diez hijos o más. Epíteto de la política mexicana. ¡He ahí su lugar!