Mirada en la red

Investigación social, hoy

Las transformaciones sociales que se viven en el mundo y en cada país, para que estén a la vista y pueden ser comprendidas científicamente, requieren un doble esfuerzo.

Por un lado, de un corpus teórico que sirva como andamiaje para entender qué sucede y cuáles podrían ser las posibles explicaciones de aquello que pretendemos averiguar. Por otro, de instrumentos válidos y confiables para acercarnos lo mejor posible a esa parte de la realidad social que nos interesa.

Luego, con esos instrumentos -entrevistas, cuestionarios, guiones, bitácoras, fichas y/o cédulas-, salimos a campo para tratar de obtener datos, indicios, expresiones, manifestaciones, comportamientos, opiniones, percepciones, ideas, creencias, formas de enfrentar o resolver la vida cotidiana de grupos sociales, individuos u organizaciones.

Estas cuestiones metodológicas, con mayor detalle y rigor, las enseñamos a nuestros estudiantes de licenciatura o de posgrado en las aulas universitarias.

Durante los años más recientes, quienes ejercemos la docencia y vivimos de la investigación, hemos tenido que adicionar una serie de advertencias y de variables a considerar, cuando pretendemos acercarnos a estudiar alguna parte de la realidad social.

Los estudiantes de diversas universidades públicas en gran parte del país, deben considerar que antes, durante y después de salir a campo -forrados con rigurosos instrumentos de indagación- deben tener en consideración las siguientes contingencias: 1). Índice delictivo que vive la zona (secuestro, extorsión, robo, homicidio); 2). Existencia y operación de retenes militares; 3). Actividad productiva ilícita (siembra de estupefacientes y/o presencia de narcotráfico); 4). Enfrentamientos entre grupos armados; 5). Expresiones violentas entre grupos locales de la región; 6). Suficiencia, calidad y seguridad en los medios de transporte; 7). Cobertura de servicios de telefonía celular y acceso a internet; porque hay zonas donde simple y llanamente aún no llega la posmodernidad con estas tecnologías y servicios, a pesar de que lo que se anuncie.

Imagine las restricciones que se imponen a estudios de corte sociocultural en entidades como Tamaulipas, Sinaloa, Michoacán, Veracruz, Chiapas, Guerrero, Nuevo León, Puebla y gran parte de la zona fronteriza del norte de México.

Estos y otros imponderables de nuestro entorno parece que han llegado para quedarse un periodo considerable. Esta serie de factores que hoy permean distintas zonas de nuestro país, limitan y sesgan el potencial que tiene la investigación social para aportar conocimiento, comprensión sobre nosotros mismos y desarrollo a escala humana.