Mirada en la red

Infancias

El próximo 30 de abril se celebrará en nuestro país el día de los niños y de las niñas. Frente a la infancia, la mayoría de la gente tiene respuestas y actitudes positivas. La valoración de esa etapa de la vida es relativamente reciente. Comenzó en Europa, a mediados del siglo XVIII. En México, hasta que se les comenzó a enviar masivamente a las escuelas, se dieron las condiciones para percatarse de que era fundamental esta fase de la existencia para el desarrollo futuro de las personas. Ello comenzó a suceder hasta la segunda década de siglo XX. Así que en el país tenemos poca experiencia en estos menesteres.

Hoy tenemos una población infantil que se está reduciendo en términos porcentuales. El 84.2% de los chicos y chicas acuden a las aulas, desde el preescolar hasta la primaria. Hay algunos contrastes en materia de cobertura educativa y de acceso a los servicios de salud, cuando los niños y niñas viven en zonas rurales e indígenas; la peor parte la viven las niñas. Una alta proporción de infantes viven en áreas urbanas y, desde los primeros años de la educación primaria tienen acceso a internet y al uso de redes sociales. Dicha condición es una ventaja, pero incluye riesgos como el ciberacoso, la pornografía infantil y la pederastia.

Debido a que la dieta diaria que tienen los menores está compuesta de alimentos con bajo valor nutritivo, de gaseosas, golosinas y de jugos envasados o enlatados, los infantes de nuestro país han conseguido el preocupante primer lugar, en el mundo, en obesidad infantil. Ello genera otros padecimientos crónicos como la diabetes y problemas cardiovasculares desde edades tempranas. A pesar de que el gobierno mexicano intentó cancelar la venta de alimentos chatarra en las tiendas escolares, casi nada se pudo lograr porque los intereses empresariales y los acuerdos políticos pesaron más que la salud de los chicos.

Aunque la opción para corregir el régimen dietético está en los hogares, las madres y/o los padres de estos(as) hijos(as) están enfrascados –cuando los tienen-- en empleos agobiantes y mal pagados, que les dejan sin fuerzas ni ánimo para cocinar diariamente y darles a sus vástagos una mejor alimentación. Futuro poco prometedor para este segmento poblacional si no se logra edificar una política pública que incluya la atención en materia nutricional desde los primeros años de vida.

Hay niños y niñas en situación de calle, así como una porción de chicos que tienen que trabajar desde los cinco o seis años de edad. Las dimensiones de estos lamentables fenómenos que oscurecen la infancia mexicana se desconocen porque esta población se desplaza, se oculta o simplemente niega estar en alguna de esas dos condiciones. He ahí otras infancias que deben ser atendidas, como una suerte de celebración cotidiana.