Mirada en la red

Infancia

El sábado pasado, un festejo en honor a las niñas y niños. Los padres y las madres que tienen a sus vástagos en esta etapa buscan qué darles en obsequios, expresiones de halago y en experiencias que detonen alegría.

Como la sobreproducción reclama mayor consumo, adultos y jóvenes nos apuntamos como sujetos de celebraciones y de regalos en nombre del niño o de la niña que "todos(as) llevamos dentro". El sistema tiene que sobrevivir y generar ambicionadas ganancias.

La valoración de la niñez es un fenómeno social relativamente reciente. Apenas data del siglo XVIII. Demos un breve paseo para colocar a los infantes en su dimensión histórica, al tiempo que nos ponemos en nuestro sitio como especie humana.

Entre los griegos politeístas del Siglo IV A.C., Aristóteles recomendaba dedicar a los infantes, nacidos de hombres libres, horas y años para su plena formación para que llegaran a ser buenos ciudadanos. El contenido de las lecciones obligadas eran: Gimnasia, filosofía, matemáticas, gramática y retórica. Luego la Grecia clásica fue conquistada por los Romanos y, aunque éstos mantuvieron algunas ideas respecto al cuidado de los infantes, desdibujaron un tanto las visiones más finas procedentes de sus antecesores.

Con el derrocamiento del imperio romano, a manos de los muchos pueblos bárbaros que tomaron parte, se dieron las condiciones para que las grandes ciudades fuesen destruidas; las comunidades rurales cobraran mayor peso y, la óptica judeo-cristiana, ganara un poder gigantesco durante la oscura Edad Media. En esos largos años, no existía la palabra infante. A los niños(as) se les veía como adultos en miniatura. No se confeccionaba ropa ni había juguetes para niños(as); participaban como ayudantes. Las condiciones imperantes para los(as) niños(as) durante casi mil años fueron: desatención y marginación; analfabetismo; libertad plagada de graves riesgos; alta mortalidad perinatal o como resultado de epidemias; infanticidios a raudales; abandonos a la intemperie o, más adelante, en orfanatos que atendían órdenes como las Hermanas de la Caridad, aunque también los niños(as) desamparados(as) fueron cuidados por las llamadas "Inclusas". El presunto "instinto maternal" no existía, pero tampoco los padres eran protectores ni proveedores de sus hijos(as).

Debemos al Renacimiento, a la Revolución Francesa y a pensadores de la Ilustración como John Locke, Jean-Jacques Rousseau y a Johann Pestalozzi, haber aportado ideas embrionarias que hicieron posible el concepto de la infancia y a la relevancia que hoy le prodigamos a la niñez. Falta mucho por avanzar. Lo lograremos, en la medida en que abramos tiempo y espacio para cultivarnos y para acrecentar con calidez, nuestras relaciones amorosas cara a cara.