Mirada en la red

Igualdad y participación

Estamos a 41 días de que se lleve a cabo la jornada electoral para elegir presidentes municipales, diputados locales y federales en nuestra entidad. Como algunas personas lo saben, también habrá votaciones en otros estados de la república y en el Distrito Federal.

El periodo para realizar campañas se ha estrechado en los últimos años. Ahora cada candidato o candidata contará con 34 días naturales, a partir de mayo. Según el cargo de elección popular al que aspire, quienes obtuvieron registro ante el IEEM, tienen las siguientes perlas:

1). Difundir sus propuestas. 2). Recabar y procesar demandas y propuestas. 3). Evaluar su posicionamiento en el ánimo del electorado indeciso y/o de primera ocasión; fundamentalmente jóvenes. 4). Retener el voto duro para garantizar presencia en las urnas el 7 de junio. 5). Sumar simpatizantes y activistas para mejorar los resultados esperados. 6). Lograr que se le distinga como candidato/a; que se les identifique entre la maleza de materiales impresos, digitales y transmediáticos que aumentarán a raudales en los próximos días. 7). Cada uno/a tendrá que cuidarse de las "campañas negras" que sus adversarios/as políticos desplegarán para buscar el desencantamiento entre la ciudadanía que aún puede habitar en la candidez de un mundo político inocuo. 8). Los y las candidatas tendrán que masticar –algunos por primera, segunda o enésima ocasión—parte de esa cultura política que caracteriza a una parte de la ciudadanía que desconoce qué hace y por qué es relevante el papel y la función de un diputado local o federal. ¿Qué es eso de la división de poderes y, por ende, qué sentido tiene el poder legislativo en la cámara local y en la cámara federal?

Una parte de la ciudadanía solo vislumbra entre los candidatos y candidatas que buscan un asiento en el poder legislativo: bultos de cemento, varilla, arena y grava; pies de casa, algo más de obra pública y acceso a programas asistenciales. Una cultura política que hunde sus raíces en el clientelismo, en el quehacer y en el proceder de los partidos políticos y en las desigualdades sociales cuya brecha aumenta cada día. Cuando se vive en la pobreza, las necesidades primarias son capitalizadas y fácilmente intercambiables por un sufragio coaccionado un día domingo de jornada electoral.

La democracia, no en lo político-electoral, sino en su dimensión social, también tiene que ver con las condiciones de vida que tiene la población. Acceso efectivo a empleo, remuneración digna, servicios de salud, educación y capacitación de calidad, vivienda digna, seguridad pública, transporte público cómodo y eficiente; descanso, tiempo libre y recreación, continúan siendo las demandas diferidas de 53 millones de personas pobres en México.