Mirada en la red

Gabriel García Márquez

Hoy lunes, en el Palacio de Bellas Artes se hará un homenaje a la vida y obra del periodista, novelista, cuentista, crítico de cine, guionista, argumentista y Premio Nobel de literatura Gabriel José de la Concordia García Márquez. Conocido, de manera recortada, como Gabriel García Márquez.

A menudo hacemos eco, sin detenernos a pensar, de lo que en su frenesí cotidiano escupen los noticiarios electrónicos y digitales. ¡Se lamenta el fallecimiento, de la pérdida irreparable de García Márquez! Está bien. Se entiende que para sus familiares, amigos y amigas entrañables, el proceso de resignación por la muerte de un ser amado (padre, pareja, tío, abuelo, hijo, amigo) sea difícil y doloroso, pues nuestro apego a la vida es instintivo y queremos que los seres humanos no se marchen definitivamente hacia la nada.

La gran mayoría tememos a la muerte. La finitud nos asusta y de ahí que las religiones hayan cultivado y sigan haciendo su agosto. Vamos a ver. Un poco de mesura y de sentido de realidad.

Si bien García Márquez fue el epítome del realismo mágico, hay que tener en consideración dos datos tangibles: 1). Murió a la edad de 87 años. ¡O-chen-ta y sie-te a-ños!. Una existencia longeva y muy productiva.

Dedicada a la aportación intelectual; al acrecentamiento de las letras hispanoamericanas; a los viajes; a las buenas comidas y cenas; a las tertulias de sobra estimulantes con quienes dieron lugar al boom de escritores latinoamericanos; a disfrutar de los prodigios que brinda el reconocimiento internacional y a recibir el cobijo de personalidades que –en su momento—estaban o continúan en el poder, como Fidel Castro, una auténtica leyenda viviente.

También los ex presidentes de México José López Portillo (JOLOPO) y Carlos Salinas de Gortari, gozaron de la cercanía del autor de La mala hora. ¿Qué se esperaba? ¿Más años de vida? ¿De qué clase de existencia hablamos? Repetimos estupideces mediáticas.

2). Acaso se desconoce que el propio escrito de El amor en los tiempos del cólera, en el año 2007 (ocho años atrás) le dijo al periodista Juan Gossaín, su amigo y paisano, que no volvería a escribir porque le estaba fallando la memoria. ¿La vida a toda costa, hasta el babeo y la decrepitud? García Márquez seguirá siendo el escritor, el novelista, la antonomasia de su gran obra. Gabo, como comenzó a llamarle Eduardo Zalamea, subdirector el diario El Espectador, seguirá siendo a través de sus libros, de sus relatos, de sus reflexiones, aciertos y de sus pifias. García Márquez, cual Hojarasca, dejó trozos de vida.

Con la ayuda de su esposa y confidente, Mercedes Barcha, extendió su huella genética a través de sus hijos Rodrigo y Gonzalo. ¿El mejor homenaje? Leer su obra. Afortunadamente requeriremos poco menos de Cien años de Soledad.