Mirada en la red

Envejecer en México

La mayoría de los países marcan como inicio de la vejez, la frontera de los 65 años en adelante. Cuando las personas llegan a este fatídico cumpleaños, el envejecimiento entra plenamente en la escena cotidiana.

En realidad, comenzamos a envejecer desde los 20 años de edad en adelante; pero las convenciones socioculturales mandatan con sus propios códigos. Fuera de las ideas románticas acerca de la relevancia de las personas que han acumulado años de vida, experiencias, conocimientos y, a veces, sabiduría, la realidad es que para la generalidad de los seres humanos de nuestro México lindo y querido, esta etapa de la vida está nutrida de sinsabores y desesperanzas.

En primer término, un amplio grupo de personas que transitan por esta etapa está fuera de la fuerza laboral, por ende, o carecen de ingresos o bien las pensiones que reciben pierden a pasos agigantados su poder adquisitivo. Con grandes diferencias, pero ambos grupos pueden empobrecer muy rápido si no reciben el auxilio económico y emocional de sus parientes e hijos/as.

Se estima que en México, hacia 2016, las personas de la eufemística etapa denominada "tercera edad" representarán 15% de la población total. Cuando se llega a esta fase de la existencia, la dependencia económica y emocional aumenta; los servicios de salud que requieren son mayores.

Debemos tener presente que los padecimientos predominantes en este grupo etario son: hipertensión arterial, diabetes, artritis y enfermedades pulmonares. Consecuentemente, la capacidad para realizar actividades cotidianas también se ven considerablemente mermadas.

Para la inmensa mayoría de los "adultos mayores" (otra expresión edulcorada para estos tiempos neoliberales) los gastos en vivienda se incrementan porque las personas mayores pasan más tiempo en sus respectivos hogares y, el consumo de energía y de otros servicios e insumos crecen de manera constantemente.

Este grupo de población no sólo experimenta deterioro sino que puede formar parte de las estadísticas de la discapacidad y no hay teletones que se ocupen de ellos o ellas, porque la invalidez sólo es rentable, si azota a la niñez. Los viejos no dan la nota.

Según cifras del INEGI, 80% de la población de 65 años, y más, no está protegida con servicios de salud y tampoco goza de la autonomía económica para resolver sus necesidades básicas. Así que gran parte de este grupo vive, sobrevive y languidece durante la última fase de su existencia.

¿Ahorrar para la vejez? Sería una de las decisiones que deberíamos tomar y cuanto más pronto, mejor. De otra manera, lo que nos espera en esta leonina selva neoliberal, es la pobreza, las dolencias, el abandono y el tufo a viejo. Tenemos otra opción. No llegar al drama de la vejez.