Mirada en la red

Día(s) de Muertos

El fin de semana que acaba de concluir lo dedicamos al ritual de muertos. Frente a la inevitable expiración tenemos una doble postura.

Por un lado, tememos que llegue prematuramente nuestra finitud o se manifieste sorpresivamente en personas que estimamos o que amamos. Por otro, jugamos con la muerte; la parca nos cargará el día menos pensado; un día nos llevará "patas de cabra"; la pelona nos pasará la factura en el momento menos esperado.

Damos rienda suelta a cierta necesidad necrófila lúdica. Algunos escriben "calaveras" dedicadas a personas cercanas y distantes pero vulnerables personajes de la vida político-económica local, nacional e internacional. Chicos o chicas visitan casas para pedir algo de dinero o regalos para "su (postrera) calaverita".

Todo se mercantiliza. El cempasúchil, la nube, la flor de terciopelo, las coronas y arreglos florales viven su agosto en el amanecer de noviembre, junto con los ingredientes para preparar mole, comprar frutos y bebidas repuntan en ventas antes, durante y poco después del culto a nuestros muertos.

Como los nichos de mercado escasean pero la sobreproducción galopa por las anchas llanuras del neoliberalismo, se yuxtapone la sorda necesidad de ventas y se infiltran las noches de terror y los trajes de ultratumba que buscan venganza. El Halloween mixtura entre lo prehispánico y lo hollywoodense. Nada tiene que ver con el ritual precolonial de Día de Muertos, heredado a la cultura que hoy constituye nuestra mexicanidad.

José Guadalupe Posada, grabador, ilustrador y caricaturista instituyó a La Catrina como referente más contemporáneo de la dama de la muerte. Miles de años atrás la catrina era la diosa mictecacíhuatl, esposa del señor de la tierra de los muertos. Pero todo es capaz de convivir en la hegemonía del mundo hecho para el mercado. Ahí sí nos ponemos de acuerdo pese a profundas discordancias entre conceptos, fines, vida y creencias.

Hay lecciones en ideas escritas brevemente. Woody Allen anotó: "La muerte es una característica congénita". Luis Antonio De Villena escribió en la felicidad y el suicidio: "Sobre la vida oscura, la muerte resplandece". Del mismo autor, que aplica ahora que nuestro país vive momentos tan lastimosos: "El mundo no está bien y por ello se enfangan las ganas de vivir, tan poderosas".

Cuando a las personas les falta qué comer, adónde vivir, dónde aprender, en qué laborar dignamente; cuando les falta la palabra, cuidado, compañía o amor, son también la muerte, formas de fenecer, aunque los cuerpos estén vivos. Albert Caraco anotó algo así: El día que llega la muerte, será la primera noche sin sueños. ¡Brindemos!