Mirada en la red

Día de un tipo de familia

Era enero de 2005; en las instalaciones de El Papalote, Museo del Niño, un variopinto grupo de empresarios, dueños de universidades y escuelas privadas, reforzados por grupos religiosos y con la presencia tanto del Consejo de la Comunicación como de la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión, aplaudían al presidente Vicente Fox por haber instituido que el primer domingo de cada mes de marzo, fuese el "Día de la Familia".

Jactancioso y dado a la garla ocurrente, el presidente del cambio dijo que "cuando las familias están unidas, se forman ciudadanos tolerantes..." ¿Unión familiar, ciudadanía y tolerancia? ¡Qué galimatías! Tanto él por su lado, como doña Marta Sahagún por el suyo, habían roto sus vetustos y pretéritos vínculos matrimoniales conyugales-nucleares, para seguir escribiendo su historia como pareja presidencial. Y recibieron el apoyo total del Vaticano en dicho afán. Frecuentemente la "alta política" es repelente al más mínimo sonrojo.

Ayer domingo, fieles a tan insigne celebración, las familias católicas, heterosexuales, con hijos propios y/o adoptados pero reconocidos legal y religiosamente, tienen –por décimo año consecutivo– su día para conmemorar la unión, la comunicación y la sana convivencia. También despiden ese tufo que emana del sistema patriarcal, fundado en la suprema autoridad del marido; la madre recluida en el hogar al cuidado de los hijos y del cónyuge, así como un sistema de secretos y de tolerancias bastante densos.

El gran Albert Caraco lo escribió así: "Los tiranos aman a las familias tradicionales, donde la mujer es sirvienta y los niños súbditos, pero el padre [...] es el amo en su casa y el arquetipo de nuestros príncipes".

A los grupos de pensamiento conservador les cuesta trabajo aceptar que desde hace muchos años las personas hemos sido capaces de trazar nuevas y frecuentemente mejores trayectorias o formas de vida que la convencional familia mexicana. Si bien continúa predominando este tipo de estructura, ello no significa que sólo exista un camino para experimentar felicidad, plenitud, concordia, desarrollo humano y, por supuesto, amor. Conozco familias convencionales felices que manifiestan plenitud, pero no se debe únicamente al tipo de estructura en el que viven, sino a que portan otros atributos y a que cultivan diariamente diversas virtudes.

Esta designación política grabada en el calendario cívico para la familia tradicional, cada primer domingo de marzo, hace ver cómo cierta clase política no resiste la tentación de encorsetar a todo el país dentro de su óptica. Las formas de vida son diversas y debe haber espacio para todos. Una perspectiva más incluyente, plural y democrática en torno a las familias, continúa aplazada en nuestro país.