Mirada en la red

Buscar, hallar y desear

En 1970 México reportaba 25.8% de su población de 15 años y más, en condición de analfabetismo. 40 años después, descendió a 6.9 (según el Censo de INEGI de 2010). En región de América Latina se reportan 40 millones de analfabetas, lo que representa 8% del total. Es decir, estamos cerca de la tendencia que se observa en este lado del mundo.

El lunes comenté que estamos a punto de ver la puesta en marcha de la Campaña Nacional de Alfabetización y Abatimiento del Rezago Educativo en México. Parece que el banderazo se dará en esta semana. El Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) no puede detener su marcha y trabaja vigorosamente desde que supo que el presidente Enrique Peña Nieto fijó como meta para su gestión, alfabetizar a 2.2 millones de personas en el país.

Se espera que los que más contribuyan a la meta sean Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Veracruz. El desafío consiste en buscar y hallar a poco más de 4 millones de personas que no sólo tengan la condición de analfabetismo, sino la edad, condiciones física y psíquicas para animarse a entrar a los grupos de estudio para aprender a leer y a escribir.

Pensemos en el esfuerzo que implica pretender alfabetizarse cuando se trata de personas de más de 65 años que nunca asistieron a la escuela; que han sobrevivido en zonas rurales o en comunidades indígenas; que resolvieron como pudieron su existencia y sus propios retos; que por si fuese poco, hoy padecen de enfermedades crónico-degenerativas.

En dichas circunstancias, puestos en nuestros cabales, entenderíamos que si tocan a las puertas de este segmento de población para invitarles a participar en un programa de alfabetización, la respuesta deseada ya puede quedarse a dormir el sueño de los justos.

Nada se debe escatimar para localizar a las personas que estén en condiciones de analfabetismo o de rezago educativo, sin distingo de edad, sexo, raza, religión ni orientación sexual. Pero siendo realistas, los grupos etarios que mejores respuestas podrían dar para tomar parte en este esfuerzo nacional, están ubicados en los grupos que van de los 18 a los 45 años de edad, aunque con énfasis en las mujeres, en tanto son quienes más padecen de una u otra condición.

Si partimos de la idea que se lograrán identificar al mayor número de personas en condición de analfabetismo, debemos estar listos para ver cómo se reduce vertiginosamente la meta trazada por tres factores incuestionables y de gran rudeza social, familiar e individual: 1). No tienen condiciones físicas o psíquicas para tomar parte en esa agenda educativa; 2). No lo desean. Punto y, 3). La deserción ha sido grande y recurrente.