Mirada en la red

Balance

Este año que comienza, como otros pasados, lo llenamos de buenos propósitos sazonados al calor de las fiestas decembrinas. Que si ejercicio; que si lectura; que visitar más a menudo a nuestros familiares; que dietas de la más disímbola estirpe y propósito; que planes para retomar estudios; que salir a conseguir trabajo; que cambiar de empleo; que llevarnos mejor con las personas que convivimos a diario y, un largo etcétera. Luego, el día a día, al desgranar de cada semana volvemos a constatar lo difícil que resulta cumplir dichos propósitos a cabalidad. Sin duda, debe haber muchas personas empeñosas que cristalizan la mayoría de las metas que trazan para el año nuevo. Pero otra porción transitará del boceto, del plan, al desmoronamiento diario. Quizá si nos proponemos menos temas o asuntos, podríamos lograr un poco más o bien, algunos de ellos.Desde otra perspectiva, algunos lectores o lectoras se animen a hilvanar algunas de las siguientes ideas con fines -no de trazar metas o renovados propósitos- sino para hacer un alto en el camino y abrir espacio propio a la reflexión personal.

El lugar y la época en la que nacemos; con quiénes convivimos marca un punto de partida pero afortunadamente no siempre es del todo determinante. Hay un conjunto de experiencias que buscamos y que nos toca en suerte vivir. Pero resulta que el azar, que siempre juega, o si se quiere, la coincidencia, hace que algunas ocasiones nos topemos con seres humanos que marcan un punto de inflexión que parecía poco probable que sucediese. Sin embargo, ocurre. Entonces nuestra existencia toma otro cauce. Unas veces para bien, otras para mejor y otras para mal o para peor. Pero ahí está parte de lo que es nuestra vida.

En otros momentos, nos separamos de amigos, familiares o compañeros y, ello abre otras posibilidades. La vida toma otro sendero, no sólo a partir de la escisión, sino de nuevos vínculos. También, alrededor de nuestra existencia suelen llegar preguntas de corte existencial, nuevos temas, inéditos episodios que abrieron en nosotros un oasis de maneras distintas de pensar y de actuar. Entonces mutamos, nos transformamos. Otras veces esa evolución acontece a pesar del troquelamiento que hicieron nuestros padres o hermanos mayores, la escuela y/o la religión. La clase social en la que nacemos también hace su labor y estructura parte de nuestra existencia y de nuestros estilos de vida. Pero la clase social no tiene que ver únicamente con el dinero; guarda estrecha relación con pensamientos, anhelos, gustos, creencias, con la manera de mirar el mundo; aquello que valoramos y las cosas que menospreciamos. Todo ello nos configura y nos recrea. Nos lleva a trazar determinados planes y proyectos para este 2014. ¿Quiénes somos? En gran parte, fragmentos de los demás.