Mirada en la red

Amor y Amistad

Parte I

La semana pasada, gracias al 14 de febrero —fecha construida culturalmente, como otras tantas— nuevamente dieron reciclaje al "día del amor y la amistad". Algo de oxígeno dio a nuestra maltrecha economía nacional que va mal y, lamentablemente, amenaza con empeorar.

El mundo de las emociones humanas se convierte en dinero contante y sonante. Creo que merece la pena hacer un pequeño alto en torno a estas dos virtudes: el amor y la amistad; justo para alejarlas un poco de tanta chabacanería y testaruda mercadotecnia.

Amor. Hay que separar este breve signo lingüístico. Primero: (a), prefijo que significa "sin". Luego: (mor), muerte. Por ende, aquello que es amoroso, busca o pretende no morir. Amor es vida, inmortalidad. Es la fuerza de Eros.

Para este caso del pasado 14 de febrero, la mayoría de las personas piensan o aluden al amor erótico. Pero se trata del amor concupiscente; es amor egoísta. Se ama a la persona como un objeto y se le quiere poseer para gozarle; sólo se le quiere para uno mismo. De ahí que sea el amor erótico. Porque, como se sabe, Eros es un dios egoísta.

Muchas historias de parejas, especialmente jóvenes o con ciertas pinceladas de madurez, no son capaces de pasar a otras fases del amor. Se quedan, se consumen y desaparecen luego de que el fuego erótico amaina o cuando cobra una dimensión más humana. Entonces, esas parejas entristecidas advierten que "todo se acabo". Raudas, esas personas que escriben historias "amorosas", emprenden el vuelo hacia otro amor erótico, bebedores de la concupiscencia que da el enamoramiento.

Cuando se invierte para conocer, para avanzar hacia otra etapa o dimensión del amor, entonces sobreviene el amor Philia o Agape; este último deriva del verbo agapan, que se traduce como acoger con amistad, querer, amar. Se trata de una maravillosa fase en la que las parejas —que han vivido intensamente la fase erótica, egoísta, concupiscente— desarrollan otras virtudes humanas. Entonces el amor genera protección; se torna delicadeza, dulzura, atención profunda y cuidados hacia la persona amada. Importan las necesidades espirituales del ser amado y sus proyectos.

Por eso se conversa diariamente, para navegar hacia las profundidades del alma del ser amado. Cada uno pone el acento en el respeto y, en caso necesario, le defiende porque le valora como ser independiente y distinto.

El amor filial en las parejas, se alimenta de los atributos que configuran la amistad. No porque la meta sea tornarse en "amigos" y pareja amorosa a la vez, sino por los elementos nutricios que aporta la amistad virtuosa; la que no busca recompensa por los actos de uno hacia el otro. Por eso, como lo escribió Platón en uno de sus Diálogos: "el amor consiste en aspirar a que lo bueno nos pertenezca siempre".