Mirada en la red

Adolescentes o jóvenes

Adolescencia y juventud son conceptos utilizados convencionalmente en el ámbito de las políticas públicas y en el seno de los organismos internacionales. En la revisión sobre políticas y programas de juventud en América Latina, hace poco encontré algunas de las escuetas definiciones más utilizadas por estos organismos en las últimas dos décadas. Comparto tres referencias centrales.

1). Según la Convención de los Derechos del Niño de 1989, con 191 países, "se entiende por niño a todo ser humano menor de 18 años de edad. 2). La Cumbre Mundial en Favor de la Infancia, propone diferenciar a niños de adolescentes, dependiendo de factores culturales. Los primeros están comprendidos en el tramo de uno a 10 años o bien hasta los 14 años; los adolescentes, de los 10 a los 14, aunque otros países como el nuestro, los marcan hasta los 18 ó 19 años. 3). Por su cuenta, la Organización de las Naciones Unidas acepta como jóvenes a las personas comprendidas en el tramo de vida que va de los 15 a los 24 años. Este rango tuvo tal peso que, a partir de 1985, los servicios estadísticos de las ONU lo utilizan para colectar estadísticas globales asociadas a la vida de los jóvenes, especialmente en demografía, educación, empleo y salud.

Por ello, los gobiernos de los diversos países se ven obligados a procesar y recalcular sus datos y estadísticas, según la instancia internacional que lo solicita. Es una especie de graciosa reproducción que baña a muchas naciones al interior de sus propias estructuras gubernamentales. Algo así como: ¿Quién pide la información? Entonces la preparo con esos criterios, corresponda o no con la realidad.

Con estas pocas referencias, podemos confundir u omitir a una persona "joven" cuando debe ser registrada como "adolescente" o como "infante". Muchos seres humanos entre los diez y los 12 años, son niños o niñas y no adolescentes. Este enredo conceptual nos ha dejado en arenas movedizas cuando los países y los gobiernos tratan de poner en marcha políticas públicas y programas dirigidos a la infancia, adolescencia o juventud. Lo peor es que pueden quedar en tierra de nadie un conjunto de infantes, adolescentes o jóvenes, según la instancia de la que se trate.

A pesar del creciente interés de los distintos gobiernos del mundo por los y las adolescentes, su atención efectiva ha sido lenta y regularmente episódica. En México, estos chicos y chicas conforman el segmento poblacional más sano y con menos defunciones. Pero, aún así, no se toma en cuenta que es precisamente durante esta etapa cuando ellos y ellas incursionan en conductas de riesgo de toda índole y estirpe. Por ello, urge clarificación.