Re-incidente

Hostigamiento profesor-alumno

Las formas concretas de agresión de un profesor al estudiante son muchas y muy variadas. Para empezar, lo más común es mediante palabra, la humillación frente a los compañeros, la burla, el desprecio y, por encima de todas las cosas, el trato desigual ante los demás.

La agresión verbal pasa desapercibida en una comunidad cada vez más incongruente con los discursos en materia de derechos humanos y solidaridad; de tal manera que el docente puede, sin rubor, espetar a los alumnos: “bueno, ahora que han llegado hasta aquí deben saber que la mayoría de ustedes están jodidos, vienen de un sistema educativo jodido, llegaron a una institución jodida y la mayoría terminaran jodidos porque si nos los jode el sistema, la naturaleza si se los va a chingar…”, para después ofrecerles una vaga esperanza, “pero, a algunos les veo posibilidades, son pocos los que valen el esfuerzo y si hacen las cosas como yo les digo, tal vez salgan adelante, el resto no me interesa…”

En el afán por no convertirse en el blanco de las agresiones y por congraciarse con este tipo de profesor, los alumnos le declaran su devoción, esperando formar parte del selecto grupo a los que “les ve posibilidades”, no dudan en festejar sus palabras con numerosos ‘likes’ en las redes sociales y en apartarse de los ‘jodidos’.

Argumentando su “libertad de cátedra”, para poder menospreciar el trabajo de los educandos, estos profesores desarrollaran algunas de las estrategias siguientes:

• Gritar o avasallar al estudiante cuando está solo o en presencia de otras personas.

• Amenazar de manera continuada al estudiante o coaccionarle.

• Prohibir su acceso a determinadas instalaciones.

• Tratarle de una manera diferente o discriminatoria, usar medidas exclusivas contra él, con vistas

a estigmatizarlo ante sus compañeros u otros docentes.

• Retener información crucial para su evaluación o manipularla para perjudicarle.

• Infravalorar o no valorar en absoluto el esfuerzo realizado por el estudiante, negándose a evaluar periódicamente su trabajo o hacerlo maliciosamente para perjudicarle.

• Ignorar sus éxitos evitando dejar constancia de ellos para perjudicar su evaluación de desempeño o de personalidad.

• Monitorizar o controlar mal-intencionadamente su trabajo con vistas a atacarle o a encontrarle faltas o formas de acusarle de algo.

• Castigar duramente o con estándares distintos que al resto de sus compañeros.

• Invadir la privacidad del estudiante acosado interviniendo o vigilando sin autorización su MSN, sus conversaciones, su Facebook, twitter, etc.

• Animar a otros compañeros a participar en cualquiera de las acciones anteriores mediante la persuasión, la coacción o el abuso de autoridad, etc. Este comportamiento es ignorado, se comenta en ‘radio pasillo’ pero casi nadie externa su crítica en voz alta por temor a ser señalado como conflictivo o, peor aún, como contrario a los intereses y el buen nombre de  la institución; así, el espacio escolar aparece dominado por una feroz competencia donde el sentimiento de solidaridad sólo queda como un valor útil para formular planes y discursos.

La denuncia de este maltrato queda postergada ante su inviabilidad pues, en resumidas cuentas, se trata de un abuso de poder ejercido por un catedrático y consentido por los directivos de la institución; sólo el descuido o la protección de las autoridades permite que estos comportamientos prosperen.

Entonces, a sabiendas de que en la Defensoría de Derechos Universitarios de la UAP existen demandas de estudiantes contra docentes por hostigamiento de diverso tipo (muchas de ellas desechadas de inicio) y que uno de los objetivos de nuestro actual Plan de Desarrollo Institucional 2013-2017 es formar mejores estudiantes, mejores personas, que vivan más felices transformando positivamente su entorno… nos atrevemos a preguntar: ¿será el reconocimiento de la existencia de los conflictos y el entendimiento de su naturaleza lo que nos permitirá aprender a afrontarlos y resolverlos?

La situación exige de todos, y particularmente del sistema educativo y sus instituciones un aprendizaje, día a día, de la cultura de la convivencia y la paz.