Los correos del público

Los correos del público

 Riqueza

Concentrar la riqueza en pocos es el objetivo de las políticas neoliberales, y la política fiscal y el gasto gubernamental, los instrumentos. Así que los muy ricos pagan muy poco en impuestos o nada, porque los evaden o eluden, y los subsidios públicos se destinan a los dueños del capital. Por eso ningún gobernante o miembro de las cúpulas empresariales, sindicales y partidistas denuncia el grave efecto en las finanzas públicas del subsidio a los banqueros, a los constructores de autopistas, a los mineros y dueños de ingenios y demás rescates; eufemismo usado para no llamar subsidio al subsidio.

Pero sí se les escucha alarmarse de los pasivos pensionarios, del gasto en salud, educación, cultura, vivienda, el campo, y todo gasto cuyo receptor sea un mexicano de a pie. ¡Esto sí afecta a las finanzas públicas!

En suma, la ecuación neoliberal es aritmética simple: restar subsidios para los que tienen menos y sumarlos a los que más tienen. ¿Cómo? Muy simple. Reducir gradualmente el gasto social y en la misma proporción canalizarlo al sector privado. Asimismo, incrementar las tasas impositivas a las personas físicas y reducirlas a las personas morales. ¿Y cómo tapan semejante hueco? Con la fórmula sabida: contratando deuda y reduciendo el gasto social.

La liberación del precio de los combustóleos encaja perfectamente en el esquema neoliberal: el subsidio ya no se canaliza al bolsillo del consumidor, sino a las cuentas bancarias de los  intermediarios, distribuidores y productores, con el agravante que la parte del león del subsidio a los empresarios gasolineros lo pagará el consumidor.

¿Qué podemos hacer ante semejante atraco? Está bien marchar, plantarle cara al gobierno, pero creo que el más doloroso y más severo castigo que podemos imponerles, es no votar por los candidatos de los partidos que aprobaron las reformas estructurales.

Gustavo Monterrubio Alfaro


Más gasolina al fuego

En los países petroleros se vende la gasolina más barata. Haciendo la comparación en pesos mexicanos, por ejemplo, en Venezuela vale 30 centavos el litro, con lo que vale un refresco de cola  llenaríamos el tanque; en Arabia Saudita cuesta 3 pesos el litro, Kuwait 4.15 pesos, Qatar 4.34  pesos, Argelia 5.10, Irán 7 pesos, todos esos países son menos desarrollados que México, sin embargo refinan su propio petróleo.

En México deberíamos tener gasolina barata por ser país petrolero, pero la inconsciencia y corrupción de la clase política hace que quieran cubrir sus múltiples robos, desfalcos, sueldos, bonos y prestaciones estratosféricas transfiriéndoselo al pueblo aumentando impuestos, al gobierno se le hace fácil ser intermediario, ganan al vender el petróleo, ganan al traer la gasolina cobrando el IEPS, todo sale de nuestro bolsillo, no solo eso, también bloquearon la inversión en refinerías y el dinero se lo ganan las empresas extranjeras, pagamos su derroche, entreguismo y corrupción, nunca había visto tanto enojo en redes sociales, los más extremistas hablan de revolución, parece que eso quieren, el pueblo está furioso y echan más gasolina al fuego.

Roberto Domínguez Hernández


En el límite

Nadie pagamos impuestos con gusto. Sin embargo existe una sensación de conformidad cuando tenemos la certeza de que lo entregado al fisco se reflejará en buenos servicios operados por personas eficientes y honradas. Lo que enciende el encono y exacerba el odio de los ciudadanos es tener la certeza de que una buena parte del dinero que entregan va a parar a los bolsillos de los que detentan el poder de forma ilegal o se malgastará en errores y estupideces. Saben, porque ha sucedido en multiplicidad de ocasiones, que se perderá en decisiones torpes de sujetos caracterizados por su  incapacidad, incompetencia, ignorancia, egolatría, soberbia y arrogancia, designados por amiguismo, compadrazgos y en pago lealtades y  servicios prestados en las campañas.

No se puede engañar a todos y todo el tiempo. Esta pretensión antiética, infame e imbécil de los políticos de verle la cara a la gente, confiando en que “ya se les pasará” está llegando al límite y las consecuencias que se dejan venir no avizoran nada bueno para nadie, especialmente para ellos.

Mauricio Ochoa Guerrero


Las crisis del capitalismo


Hablar de crisis económica en plena crisis resulta muy complejo. Incluso me di a la tarea de preguntarles a mis amigos cuál crisis les había afectado más y concluimos que cada que inicia el año nos asustan con el incremento de precios y del dólar, muchos ya nos acostumbramos a vivir en crisis, al fin que cada día trabajamos más y ganamos menos. El coraje se acumula por las malas administraciones, la corrupción y el clientelismo de los cuates del gobierno en turno. Inmersos en el gasolinazo, predomina una sensación de desánimo y apatía, de resistencia y rebelión. No solo tenemos una crisis energética, son varias en todos los países del orbe: laboral, de subsistencia alimentaria, ambiental, política, cultural y la pérdida de legalidad asociada a crisis de valores, es más si la crisis ambiental fuera un banco ya lo hubieran rescatado. El capitalismo en el que estamos inmersos es un sistema económico y social en el que las crisis son inherentes a su expansión, bajo la conocida fórmula de privatizar los beneficios y socializar las pérdidas. Para los griegos la crisis invitaba a pensar en la superación, la veían con optimismo, ya que provocaba la reflexión y distintas posibilidades de cambio. Para Aristóteles, las crisis eran fracturas de racionalidad de los asuntos civiles que obligaba a imaginar nuevas alternativas para mejorar los desacuerdos sociales, no pensaban la crisis como estancamiento. En tiempos de crisis, por el clima, la guerra y las enfermedades, los griegos se lanzaban a los torneos, al teatro, al deporte, a los festivales de oratoria y las artes. Los romanos lo cambiaron por el circo. En la edad media el aprendizaje de los griegos cambió, la caída del imperio romano dio paso al Feudalismo, la riqueza en manos de unos cuantos, se le dio el lugar al Poder de Dios, y desde entonces se le ha dejado a Dios la solución de la crisis. En la cultura occidental se nos ha olvidado que la crisis exige cambio, compromiso para resolver los asuntos de la sociedad con la fuerza de la esperanza y la confianza en el poder humano para resolver conflictos. La burguesía avariciosa, poco reflexiva convirtió a la crisis en una tragedia, lloraban sus pérdidas. Hoy en día los que acaparan la riqueza se sirven del despojo y de la explotación del que menos tienen. La acumulación de riqueza es fundamental en el sistema económico de una crisis total, que trata de salir adelante, no como lo hacían los griegos, en  la algarabía de la esperanza, ni como lo hacían los monjes medievales, en medio de rezos sino, sirviéndose del despojo del que menos tienen. Siempre se acumula a costa de otros y cuando así no sucede, aparece la crisis. La característica del capitalismo como sistema económico es su inestabilidad, ocasiona una gran incertidumbre, depresión, desánimo, coraje y desconfianza, siempre acumula riqueza en las manos de unos cuantos, explotación laboral, despojo y deshumanización. El capitalismo nos volvió compulsivos: consumistas, dependientes, hedonistas y nos deja un gran vacío. El Presidente Trump es otra excusa, el origen del problema en nuestro país es el gasto, la deuda tan elevada y sin control por no ajustar el gasto a su debido tiempo. Los dueños de los partidos políticos son como los señores feudales de la edad media, llegan a servirse no a servir. Eso es lo que tendrían que ajustar, el financiamiento a los partidos políticos. Eduardo Galeano dijo: “Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen.

Rosa Chávez Cárdenas